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Gerardo Ledezma

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Un país donde todo pasa… y nada pasa

Hay momentos en los que la realidad rebasa cualquier discurso oficial. México vive uno de ellos. Porque mientras desde el poder se habla de transformación, en los hechos se acumulan casos que retratan exactamente lo contrario: impunidad, simulación y una preocupante normalización del abuso de poder.

Ahí está el caso del contralmirante Fernando N., detenido en Argentina tras meses prófugo, con ficha roja internacional y acusado de formar parte de una red de robo de hidrocarburos. No es un funcionario menor, no es un error administrativo: es un alto perfil ligado a la Secretaría de Marina que logró evadir a la justicia mexicana hasta que fue capturado fuera del país. ¿De verdad nadie sabía? ¿Nadie vio? ¿O simplemente nadie quiso ver?

Y mientras estos casos exhiben grietas profundas en las instituciones, desde la política se prefiere el ruido. Declaraciones como las de Gerardo Fernández Noroña, advirtiendo supuestas maniobras externas para desestabilizar al gobierno, más que aportar claridad, parecen buscar encender el ambiente. Porque resulta más sencillo hablar de amenazas externas como buen “izquierdoso” que explicar por qué, internamente, las cosas no están funcionando.

En paralelo, el país abre otro debate igual de complejo: la llamada “Ley Trasciende”, impulsada desde el Senado por legisladores como Emmanuel Reyes Carmona. El derecho a una muerte digna, incluyendo la eutanasia, no es un tema menor. Es un dilema ético, médico y social que exige profundidad, no prisa ni cálculo político. ¿Estamos preparados como sociedad? ¿Existe la infraestructura médica, el marco ético y la supervisión suficiente? Es una discusión que merece más reflexión que aplausos automáticos.

Pero si de contradicciones se trata, pocas tan evidentes como la del Banco del Bienestar. Más de 65 mil reclamaciones en un solo año, la mayoría por posibles fraudes y robo de identidad. Historias como las de usuarios que pierden su dinero sin explicación y enfrentan procesos lentos y opacos. Ese banco que se presentó como la solución para los más vulnerables hoy acumula quejas que ponen en duda su operación. Y otra vez la misma pregunta: ¿quién responde?

A esto se suma un caso que estremece por donde se le mire: el asesinato de Carolina Flores, ex reina de belleza, con múltiples disparos en su propio hogar. Una historia llena de inconsistencias, señalamientos familiares y una investigación que, de entrada, ni siquiera fue clasificada como feminicidio. Un detalle que no es menor en un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una herida abierta. Donde por cierto, su esposo la reporta como muerta un día después…puf

Así, entre discursos políticos, reformas en debate, instituciones cuestionadas y hechos de violencia que no cesan, el país parece moverse en una extraña normalidad donde todo ocurre… pero pocas veces pasa algo.

Porque el problema no es solo lo que sucede, sino lo que no ocurre después: no hay consecuencias claras, no hay respuestas contundentes, no hay justicia visible.

Y mientras tanto, el ciudadano observa. Espera. Y se pregunta cuánto más puede sostenerse este equilibrio tan frágil, donde el poder se protege, los errores se diluyen y la realidad, por momentos, parece quedar en segundo plano.

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