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Ecologista mexicana enfrenta al Gobierno y advierte que no existe un fracking sostenible

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Víctor Flores García

Ciudad de México.- La travesía de la ambientalista mexicana Alejandra Jiménez durante 12 años recorriendo campos de petróleo y gas, desde EU hasta la Patagonia argentina, como integrante de la Alianza Mexicana contra el Fracking, respalda la advertencia ecologista contra la reactivación de la fractura hidráulica en este país norteamericano, que busca extraer gas de yacimientos rocosos no convencionales.

“Los impactos a las fuentes de agua comienzan desde que hay exploración, cuando se comienzan a contaminar los manantiales y los mantos freáticos, que se han secado o se han desviado”, relata la a la Agencia Sputnik.

Ante los planes del Gobierno federal de encontrar en dos meses un “método sustentable” de explotación de gas mediante ruptura de rocas de lutitas o Shale, con la designación de un comité científico de expertos, Jiménez advierte que la experiencia de campo contrasta con la búsqueda de un “fracking limpio”.

La antropóloga social, líder de la Coordinadora Regional de Acción Solidaria Huasteca Totonacapan, comenzó hace 16 años acompañando a comunidades afectadas por la explotación de hidrocarburos fósiles en la sierra de Veracruz (sureste), y después viajó hasta las montañas rocosas del norte mexicano y los territorios de extracción en EU -Texas y Colorado- y Argentina.

“La extensa información que hemos logrado recopilar sobre fracking, nos indica que, a lo largo de años, en México se han realizado más de 8.000 fracturas tanto a pozos en yacimientos convencionales (que son la inmensa mayoría), como en no convencionales”, describe la entrevistada.

Aclara que los pozos que han sido fracturados en yacimientos no convencionales son apenas alrededor de 30, nada más, y están en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, en el norte del país.

Jiménez advierte que la dimensión de daños documentada no es compatible con el proyecto de una expansión masiva de extracción de gas no convencional, que analiza la estatal Petróleos Mexicanos.

“También se han perforado yacimientos en Veracruz y Puebla (centro-este)”, añade, en referencia a la cuenca petrolera Tampico‑Misantla, donde organizaciones ambientalistas denuncian desde hace años riesgos de contaminación para el agua y la agricultura.

AGUA CONTAMINADA Y SISMOS INDUCIDOS

El impacto más inmediato se observa en el ciclo del agua, con el uso de hasta 30.000 metros cúbicos de agua por pozo, inyectada a presión con aditivos que incluyen químicos tóxicos, según estudios ecológicos.

“Hay un impacto al agua, no solo por la contaminación, sino que la misma actividad genera cambios en el suelo y en los mantos freáticos”, continúa.

En los estados norteños y de Veracruz, en el sureste, comunidades locales y científicos documentan “sismos inducidos por la presión de las inyecciones en rocas”, y por el bombeo de aguas residuales a pozos de desechos.

Los temblores y la vibración de la maquinaria han dejado un rastro en las casas de zonas rurales.

“Desde el momento de la exploración en diferentes territorios tenemos documentado que, en Nuevo León, Coahuila y Veracruz, se generaron daños a las viviendas por la actividad de fractura hidráulica”, afirma.

Las mismas denuncias han sido presentadas por comunidades de Texas (sur de EU) y Vaca Muerta, en la Patagonia argentina.

“En el norte de los estados de Veracruz y Puebla, se han afectado los cultivos de cítricos y de maíz por contaminación”, que reduce la productividad y eleva riesgos para la salud humana.

METANO Y CONTAMINACIÓN DEL AIRE

El gas metano, componente del gas natural, se convierte en uno de los principales conflictos ambientales.

“Los pozos también presentan fugas de gas, principalmente metano, que contamina no solo a las personas, sino también a todo el ecosistema, es un impacto atmosférico, que va más allá de lo de las afectaciones a los territorios de fracking”, describe la especialista.

Las fugas de metano en pozos no convencionales pueden superar en 30 por ciento a las de pozos convencionales, según estudios ecológicos.

“Aunque se inyecten más sustancias biodegradables, los impactos continúan con la contaminación del agua y a la atmósfera por las emisiones de gas de efecto invernadero como el gas metano”, subraya.

Además, la promesa de empleo se disipa en pocos años, y los impactos sociales también los causan las “burbujas económicas”, que duran apenas unos tres años de vida de esos pozos.

“Al principio se requieren nuevos empleos, pero estos son temporales por la corta duración de la explotación en rocas y generalmente son empleos como abrir carreteras y mantenimiento, que son bien pagados”, argumenta la experta.

En el largo plazo, los puestos técnicos se cubren con personal foráneo y especializado.

Las comunidades denuncian que este flujo de dinero y trabajadores acelera la llegada de crimen organizado y violencia, lo que termina generando desplazamiento de población, enfatiza.

“Hemos registrado afectaciones a la salud como enfermedades de diferentes tipos, como asma, enfermedades respiratorias, e incremento de patologías cancerígenas, asociadas al gas metano en el desarrollo natal o prenatal, que generan malformaciones genéticas o partos prematuros”, enumera.

La vida útil de los pozos no convencionales es otro punto crítico.

La corta vida de la explotación de gas fósil atrapado en rocas herméticas, “se origina en la vida de los pozos que se agotan muy rápido en los yacimientos no convencionales”.

Jiménez relata que la perforación debe llegar hasta la roca madre -esquisto o roca Shale-, que contiene el gas o los hidrocarburos fósiles que se encuentran en pequeñas cápsulas herméticas.

“Esta roca es poco porosa y el gas queda atrapado, encapsulado dentro de esta roca y se debe fracturar con inyecciones de líquidos a presión para que pueda fluir el hidrocarburo”, explica.

MITO DEL FRACKING SOSTENIBLE

El origen de la técnica desarrollada por pequeñas firmas petroleras estadounidenses, y otras grandes que operan en México, como Halliburton, Schlumberger y Baker Hughes, nunca han logrado eliminar sus huellas ambientales.

“El fracking es una tecnología que se desarrolló originalmente de Texas, donde no existe explotación de bajo impacto ambiental”, asegura Jiménez.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció la semana pasada un comité de expertos para “determinar si hay tecnologías que puedan utilizarse sin los daños ambientales de las primeras fracturas hidráulicas, que se hicieron en su momento en EU”.

En contraste, la Alianza contra el Fracking se opone a esas expectativas.

“Con respecto al posible uso de sustancias biodegradables en la fractura hidráulica que menciona el Gobierno, no existe evidencia que muestre su desarrollo en ningún lugar del planeta”, asegura la red ecologista.

La crítica de más de 70 organizaciones ambientalistas responde en forma categórica: “En conclusión, no es posible desarrollar un fracking sustentable ni técnicas limpias con este método”.

Tras dos décadas de aplicación masiva de la técnica en EU, sostienen que existe amplia evidencia científica que documenta los impactos ambientales y sociales.

El Gobierno busca fundamentar la posibilidad de extender la dependencia de los combustibles fósiles, en un país que importa el 75 por ciento de su gas natural desde EU.

México cuenta con más de 83 billones de pies cúbicos de gas en campos convencionales.

Pero los vastos yacimientos mexicanos no convencionales contienen más de 140 billones de pies cúbicos de gas en rocas de lutitas, sobre todo en las montañas del norte. (Sputnik)

Fuente: https://noticiaslatam.lat/

Foto: eitmedia.mx-ChatGPT

eitmedia.mx