
Mucho discurso de soberanía… pero algo muy grave está ocurriendo
Mientras México enfrenta uno de los momentos más delicados de su relación con Estados Unidos en los últimos años, el gobierno federal parece más concentrado en construir discursos políticos que en explicar con claridad qué está ocurriendo realmente detrás de las acusaciones, operativos y tensiones diplomáticas que ya comenzaron a escalar peligrosamente.
Resulta por demás contradictorio observar a la presidenta Claudia Sheinbaum lanzar críticas abiertas contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, acusándola prácticamente de violar la soberanía nacional por supuestamente permitir la participación de agentes de la CIA en un operativo contra un narcolaboratorio, mientras horas después convoca a Palacio Nacional a todo un séquito de legisladores, operadores y aduladores políticos para repetir el ya gastado discurso de que “México es soberano” y que no se permitirá ninguna injerencia extranjera.
La pregunta es inevitable: si todo está bajo control, ¿por qué Estados Unidos ya analiza incluso revisar o cerrar consulados mexicanos en su territorio? ¿Qué saben en Washington que aquí todavía no se le dice a los mexicanos?
Porque esto ya dejó de ser un asunto de declaraciones aisladas. Las tensiones crecieron tras la muerte de agentes estadounidenses en territorio mexicano, las acusaciones directas contra figuras cercanas a Morena y los señalamientos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado. Y frente a ello, la respuesta del oficialismo ha sido cerrar filas políticamente, victimizarse y repetir el discurso patriótico de siempre.
Pero la soberanía no se defiende únicamente con arengas desde Palacio Nacional ni con reuniones de aplausos entre legisladores afines. La soberanía también se protege garantizando seguridad, credibilidad institucional y cooperación seria frente a un problema que ya rebasó fronteras: el narcotráfico.
Porque mientras aquí se insiste en convertir todo en propaganda ideológica, Estados Unidos endurece posiciones, aumenta presiones y deja entrever que las medidas diplomáticas podrían ir escalando. Y eso tendría consecuencias económicas, migratorias y políticas enormes para millones de mexicanos.
Y por si el escenario no fuera suficientemente preocupante, ahora México también parece decidido a competir por el campeonato mundial de la flojera institucional.
Tres meses de vacaciones para millones de estudiantes bajo el argumento del Mundial y la ola de calor. Sí, el calor existe y sí, hay regiones donde las temperaturas son extremas, pero utilizar el Mundial de Futbol como justificación para prácticamente vaciar las aulas refleja también una peligrosa cultura de comodidad y conformismo que sigue creciendo en el país.
Primero el Mundial. Luego el calor. Después cualquier pretexto será suficiente.
Mientras otras naciones discuten cómo elevar su nivel educativo, fortalecer matemáticas, ciencia y tecnología, aquí celebramos que los alumnos tendrán apenas unas semanas efectivas de clases antes de irse a casa casi todo el verano. Una generación cada vez más frágil, más dependiente y menos preparada para competir globalmente.
Y aunque la medida fue nacional, al menos en Nuevo León el gobierno de Samuel García entendió algo básico: si el receso será inevitable, entonces hay que generar alternativas para que las familias no queden abandonadas. Estancias, guarderías, talleres de lectura, inglés y actividades formativas. Algo. Lo mínimo indispensable para evitar que miles de padres simplemente queden a la deriva mientras trabajan.
Porque en otros estados del país ni eso habrá. Solo vacaciones largas, discursos políticos y la eterna costumbre mexicana de patear los problemas mientras haya futbol, calor o cualquier otra distracción conveniente.
México atraviesa un momento serio. Tal vez demasiado serio como para seguir gobernando únicamente con propaganda, patriotismo de micrófono y aplausos entre aliados políticos. Por cierto, existe quiénes a un no creen en la selección mexicana, más cuando el DT Aguirre acusado en España por apuestas llama a Memo Ocho de nueva cuenta al seleccionado. Siendo este el portero que ha recibido más goles en toda la historia del balón pie, en los últimos años.



