
Entre improvisaciones, penales polémicos y amenazas de guerra: así arranca México y el mundo la semana
La realidad mexicana parece haberse instalado en una peligrosa costumbre: tomar decisiones improvisadas, normalizar el absurdo y después intentar corregir sobre la marcha lo que nunca debió anunciarse. Lo ocurrido esta semana con el calendario escolar es una prueba clara de ello. Primero se informa, casi como decreto consumado, que el ciclo escolar terminaría el próximo 5 de junio por la Copa Mundial de Futbol 2026 y las altas temperaturas; horas después, ante la avalancha de críticas y cuestionamientos, el secretario de Educación, Mario Delgado, sale a decir que habrá una “reunión urgente” para revisar nuevamente la medida y construir ahora sí una propuesta “definitiva”.
Es decir, primero anuncian tres meses prácticamente perdidos en las aulas y luego se preguntan si realmente conviene hacerlo. La pregunta obligada es: ¿en qué momento dejaron de ser prioridad los estudiantes? Porque mientras México presume reformas educativas sexenio tras sexenio, la realidad sigue mostrando rezagos alarmantes en matemáticas, lectura y comprensión básica. Y ahora pareciera que el Mundial pesa más que la educación.
Nadie niega que el calor extremo representa un problema real en muchas escuelas del país, muchas de ellas sin clima, sin ventilación y abandonadas por años. No de ahora si no por años. Pero también es cierto que utilizar el Mundial como argumento para reducir clases manda un mensaje peligrosísimo: el espectáculo está por encima de la formación académica. Y eso en un país donde millones de niños apenas lograron recuperar el ritmo escolar tras los estragos de la pandemia.
Lo más preocupante no es la propuesta en sí, sino la improvisación permanente del gobierno federal. Todo se anuncia primero en redes sociales, se mide la reacción pública y después se intenta corregir. Así no se construye una política educativa seria.
Y mientras el país debate si habrá o no clases, el futbol mexicano volvió a regalarnos otro capítulo de dramatismo, polémica y burlas interminables. El llamado “penal para el América” ya se había convertido en meme nacional. Muchos pensaban que era broma, que otra vez aparecería el silbatazo salvador para rescatar a las Águilas. Y sí, llegaron los penales, llegaron las decisiones arbitrales polémicas y llegaron cuatro oportunidades desde los once pasos durante la eliminatoria. Pero ni así alcanzó.
Porque al final, los Pumas UNAM resistieron, empataron globalmente 6-6 y avanzaron a semifinales gracias a su posición de superlíder, dejando fuera al Club América en una eliminación tan dolorosa como irónica. El colmo terminó siendo el penal fallado por Henry Martín al minuto 88. El mismo recurso que tantas veces salvó al América terminó sepultando sus aspiraciones.
Y mientras México vive entre polémicas deportivas y ocurrencias políticas, el mundo vuelve a acercarse peligrosamente al abismo. Donald Trump dejó claro que no cree en las propuestas enviadas por Irán para avanzar hacia un acuerdo de paz en Oriente Medio. Su mensaje fue contundente: “Totalmente inaceptable”. Y cuando Trump habla en ese tono, el planeta entero entiende que la tensión está lejos de terminar.
El problema es que ya vimos esta historia antes. Un alto al fuego temporal, amenazas cruzadas, movimientos militares “preventivos” y luego una escalada que termina incendiando la región. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán no solamente pone en riesgo Medio Oriente; amenaza la estabilidad económica mundial, el comercio energético y la seguridad internacional.
El cierre del estrecho de Ormuz ya demostró el enorme poder que tiene esta confrontación sobre los mercados globales. Petróleo, gas y rutas marítimas dependen de esa zona estratégica. Y si Trump decide endurecer nuevamente la postura militar, nadie puede descartar que la guerra regrese con mayor intensidad.



