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Gerardo Ledezma

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Entre silencios, evasivas y presiones: México atrapado en una crisis de credibilidad

Mientras el Gobierno de Estados Unidos endurece cada vez más su discurso contra el crimen organizado mexicano, en México las respuestas oficiales parecen moverse entre la evasión, la improvisación y el desgaste político. El problema ya no es únicamente la violencia; el verdadero foco rojo es la pérdida de credibilidad institucional frente a un escenario internacional que comienza a cerrarle el paso al discurso de “todo está bajo control”.

Las recientes declaraciones del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, no son menores. Pedir a los aliados de Washington responder “con fuerza” contra grupos como el Cártel de Sinaloa y equipararlos con organizaciones terroristas internacionales marca un nuevo nivel en la narrativa estadounidense. El tono cambió hace tiempo, pero ahora ya se siente frontal, agresivo y con tintes de presión diplomática.

Y mientras desde París se lanzan mensajes de endurecimiento, en México la respuesta política luce desconectada de la gravedad del momento. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, desperdició una oportunidad de mostrar firmeza institucional cuando, al ser cuestionada sobre el paradero de Rubén Rocha Moya, respondió con un desconcertante: “¿Y yo por qué?”. Una frase que quizá pretendía esquivar el tema, pero terminó exhibiendo justo lo contrario: un gobierno incómodo, evasivo y sin control de la narrativa.

Porque el problema no es únicamente dónde está Rocha Moya. El problema es la percepción nacional e internacional de que existen demasiadas preguntas sin respuesta alrededor de Sinaloa, del crimen organizado y de la relación entre poder político y grupos criminales. Y en momentos así, la comunicación importa tanto como los hechos.

A esto se suma otro dato demoledor: México asegura haber solicitado 269 extradiciones a Estados Unidos desde 2018 y no haber recibido una sola entrega. Ninguna. El dato, revelado por Roberto Velasco y respaldado por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, refleja una relación bilateral cada vez más ríspida y desconfiada.

Resulta inevitable preguntarse: ¿qué está ocurriendo realmente entre ambos gobiernos? Porque mientras México reclama reciprocidad jurídica, Estados Unidos endurece acusaciones, abre investigaciones y presiona públicamente. El lenguaje diplomático comienza a transformarse en una especie de pulseada política donde cada país intenta exhibir las debilidades del otro.

Y en medio de este ambiente enrarecido, aparece otra señal política importante: la salida de Sergio Mayer de Morena. Aunque algunos intentarán minimizarlo, la renuncia ocurre en un momento delicado para el oficialismo, justo cuando aumentan los cuestionamientos internos, las tensiones por candidaturas y las dudas sobre el rumbo del partido gobernante.

México vive un momento complejo. La inseguridad continúa golpeando regiones enteras, las relaciones con Estados Unidos atraviesan uno de sus momentos más tensos en años y las respuestas oficiales parecen cada vez más reactivas que estratégicas.

Hoy el país necesita instituciones sólidas, mensajes claros y funcionarios conscientes de la magnitud de la crisis. Porque cuando desde el extranjero comienzan a hablar de terrorismo, narcotráfico y presuntos vínculos políticos, ya no basta con cambiar de tema, guardar silencio o responder con frases virales.

La realidad termina alcanzando a cualquier narrativa política.

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