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Gerardo Ledezma

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El otro Mundial que FIFA no quiere ver

A unas horas de la inauguración de la Copa del Mundo 2026, la gran fiesta del futbol ya comenzó, pero no precisamente con goles, estadios llenos o celebraciones multitudinarias. Lo que ha empezado a desfilar son las polémicas, las inconformidades y las dudas que acompañan a las tres naciones anfitrionas.

En Nuevo León la pregunta sigue siendo la misma: ¿llegará Samuel García a tiempo? No hablamos del Mundial, porque ese ya llegó, sino de las obras, de las vialidades, de los accesos, de las fugas de drenaje, del transporte y de una ciudad que durante meses ha vivido entre cierres, desvíos y promesas. Mientras el gobernador insiste en mostrar una entidad de primer mundo, miles de ciudadanos siguen enfrentando diariamente una movilidad que parece jugar tiempo extra.

Pero Monterrey no está solo en esta historia.

En Guadalajara los reclamos comenzaron antes de que rodara el balón. Comerciantes y restauranteros denunciaron afectaciones por las instalaciones del FIFA Fan Fest, mientras colectivos de búsqueda de desaparecidos aprovecharon los reflectores internacionales para recordar que detrás de la postal turística permanece una crisis que no desaparece con escenarios, conciertos o campañas promocionales. La FIFA vende una fiesta; muchos ciudadanos exigen que no se esconda la realidad.

La Ciudad de México tampoco ha escapado a la controversia. El conflicto por los históricos palcos del antiguo Estadio Azteca terminó convirtiéndose en una batalla jurídica entre propietarios, administradores y la propia FIFA. El organismo que exige control absoluto sobre cada asiento del Mundial se encontró con propietarios que aseguran haber comprado esos espacios por 99 años y que no están dispuestos a renunciar a ellos. Una disputa que exhibe cómo los grandes negocios del futbol suelen chocar con los derechos adquiridos por los ciudadanos.

Y mientras México intenta resolver sus propios conflictos, Estados Unidos enfrenta cuestionamientos que parecían superados hace décadas. La retención del delantero iraquí Aymen Hussein, el rechazo al fotógrafo oficial de Irak y la negativa de ingreso al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan han encendido alarmas sobre los filtros migratorios aplicados en pleno Mundial. Para muchos observadores, el discurso de apertura e inclusión que presume el torneo contrasta con decisiones que vuelven a colocar el tema de la discriminación y la sospecha sobre determinadas nacionalidades en el centro de la discusión.

Por si algo faltara, la Organización Panamericana de la Salud lanzó alertas sobre sarampión, dengue y olas extremas de calor en las sedes mundialistas. Es decir, además de boletos, hoteles y transporte, los aficionados tendrán que preocuparse por vacunas y medidas sanitarias.

La Copa del Mundo todavía no comienza oficialmente, pero ya dejó una lección: detrás de los estadios iluminados, los espectáculos y las ceremonias de inauguración, existe una realidad que ningún montaje puede ocultar. El balón aún no rueda y el Mundial ya enfrenta sus primeros abucheos.