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Gerardo Ledezma

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Antes del Mundial, Estados Unidos pinta a México de colores… como si sus ciudades fueran un ejemplo de perfección

A unas horas de que arranque el Mundial de Futbol 2026, resulta curioso que desde Washington hayan decidido sacar la paleta de colores para calificar a México. Como si se tratara de una tarea escolar, el Departamento de Estado de Estados Unidos pintó de azul, amarillo, naranja y rojo a las entidades mexicanas para decirle a sus ciudadanos dónde deben tener más o menos cuidado.

Y sí, Nuevo León y la Ciudad de México aparecen en amarillo. Guadalajara, sede mundialista por excelencia, fue colocada en naranja. Pero más allá de los colores, vale la pena detenerse en el mensaje que pretende enviarse desde el vecino del norte.

Porque pareciera que la narrativa es sencilla: cuidado con México. Tengan precaución. Reconsideren viajar. No vayan a ciertos estados. Como si del otro lado de la frontera reinara la tranquilidad absoluta, como si sus ciudades fueran modelos de seguridad mundial y como si en sus calles no ocurrieran diariamente balaceras, robos, tráfico de drogas, violencia racial, saqueos o asesinatos masivos.

La ironía es enorme.

Mientras advierten a sus ciudadanos sobre riesgos en México, en Estados Unidos los tiroteos son parte de la conversación cotidiana. Mientras recomiendan evitar ciertas zonas mexicanas, miles de estadounidenses viven preocupados por la inseguridad en ciudades como Chicago, Los Ángeles, Filadelfia, Baltimore, Nueva Orleans o incluso Nueva York.

Nadie niega que México enfrenta problemas graves de seguridad. Sería absurdo hacerlo. Ahí están las cifras, los hechos y las tragedias que todos conocemos. Pero tampoco deja de llamar la atención la facilidad con la que Washington señala hacia el sur mientras evita hablar de los problemas que enfrenta dentro de sus propias fronteras.

Y justo cuando el mundo está por poner sus ojos en México, cuando millones de aficionados llegarán a Nuevo León, Ciudad de México y Guadalajara, aparece este semáforo diplomático que inevitablemente genera ruido.

Lo más interesante será ver qué ocurre durante las próximas semanas.

Porque si algo ha demostrado México a lo largo de su historia es su capacidad para recibir visitantes. Lo hizo en 1970. Lo hizo en 1986. Lo ha hecho con Juegos Olímpicos, con Fórmula Uno, con eventos internacionales de toda índole y lo volverá a hacer ahora.

Quizá la verdadera prueba no sea para México.

Quizá la verdadera prueba sea para quienes intentan vender la imagen de que existen países perfectos y países imperfectos. De que hay naciones que pueden repartir etiquetas de riesgo sin mirar primero sus propios problemas.

El Mundial está por comenzar. Nuevo León, Ciudad de México y Guadalajara serán observados por millones de personas. Y al final no hablarán los mapas de colores ni las alertas diplomáticas.

Hablarán los hechos.

Y esos hechos demostrarán si México estaba preparado para recibir al mundo o si los colores de Washington eran una fotografía objetiva o simplemente otro ejercicio de superioridad política disfrazado de recomendación turística.