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Gerardo Ledezma

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¿Infantino en la ONU? Trump sorprende con su apuesta; NL promete transparentar los costos del Fan Fest y Francia dice adiós a las redes sociales para menores de 15 años

Hay noticias que parecen sacadas de una novela política y otras que simplemente confirman que el poder siempre busca más poder. La primera de esta semana entra perfectamente en esa categoría: Donald Trump impulsando a Gianni Infantino como posible secretario general de la Organización de las Naciones Unidas.

Sí, el mismo Gianni Infantino que sale de una Copa del Mundo profundamente cuestionada. El dirigente de la FIFA que terminó convertido en uno de los personajes más polémicos del torneo, acusado por millones de aficionados de privilegiar el espectáculo, los intereses comerciales y la política por encima del deporte. El mismo que terminó más cerca de la Casa Blanca que de la esencia del futbol.

La ONU no es una federación deportiva. Es, al menos en teoría, el organismo encargado de promover la paz, la cooperación internacional y la defensa de los derechos humanos. Resulta inevitable preguntarse si alguien cuya gestión ha estado marcada por la cercanía con los grandes centros de poder político y económico es el perfil que necesita un mundo donde hoy siguen ocurriendo guerras, desplazamientos forzados, crisis humanitarias y conflictos que mantienen en vilo a millones de personas.

Y si alguien duda del enorme desgaste en la imagen de Gianni Infantino, basta recordar uno de los momentos más comentados de la final del Mundial. Durante la ceremonia de premiación, el espectáculo de pirotecnia iluminó el estadio con una combinación de colores celeste y blanco, idéntica a la bandera argentina. La escena fue suficiente para desatar una nueva ola de comentarios y críticas en redes sociales, donde miles de aficionados interpretaron el acto como otro gesto de cercanía hacia la selección de Lionel Messi. Quizá para algunos fue una simple coincidencia visual; para otros fue una muestra más de una FIFA que, desde hace tiempo, dejó de parecer completamente imparcial. En comunicación, las percepciones pesan tanto como los hechos, y cuando una organización acumula tantas dudas sobre su neutralidad, cualquier detalle termina alimentando la polémica.

A ello se suma otro aspecto que tampoco puede ignorarse. Tras la derrota en la final, las reacciones de algunos integrantes de la selección argentina y de parte de su entorno se centraron en cuestionar el resultado. Sin embargo, el deporte también exige saber reconocer cuando el rival fue mejor. Perder forma parte de la competencia y aceptar una derrota dignifica tanto como levantar un trofeo. Buscar explicaciones eternas difícilmente cambiará lo ocurrido dentro de la cancha.

Mientras tanto, en Nuevo León también quedaron temas sobre la mesa.

Durante semanas se habló de un FIFA Fan Fest que, según se dijo, no representó un costo para las finanzas estatales. Ahora el secretario general de Gobierno, Miguel Flores, explicó que los conciertos y espectáculos fueron financiados mediante la venta de boletos y los patrocinios, mientras que las inversiones públicas estuvieron enfocadas en infraestructura, vialidades, espacios públicos, transporte y otras obras relacionadas con la organización del Mundial.

Más allá de la polémica, ahora viene la parte más importante: conocer las cifras. El propio Gobierno ha adelantado que los datos sobre boletaje, patrocinios e inversiones públicas serán dados a conocer a través de los mecanismos de transparencia. Cuando eso ocurra, los ciudadanos podrán formarse su propia opinión sobre el costo y el legado que dejó la Copa del Mundo en Nuevo León. Porque las grandes obras y los grandes eventos también se fortalecen cuando sus cuentas son públicas.

Y mientras en una parte del mundo se discute quién podría dirigir uno de los organismos internacionales más importantes, en otra se está tomando una decisión que quizá tenga un impacto mucho mayor en las próximas generaciones.

Francia acaba de aprobar una legislación que impedirá el acceso a redes sociales a menores de 15 años, obligando a plataformas como TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat y X a verificar la edad de sus usuarios. Se trata de una medida inédita en Europa que abre un debate inevitable sobre los efectos que estas plataformas tienen en la salud mental, el desarrollo emocional y la seguridad digital de niñas, niños y adolescentes.

Habrá quienes consideren que la medida es excesiva y quienes la aplaudan sin reservas. Pero lo verdaderamente importante es que alguien decidió abrir una discusión que durante años se evitó. Hoy millones de menores pasan varias horas al día frente a una pantalla, expuestos no sólo a entretenimiento, sino también a violencia, desinformación, ciberacoso, manipulación algorítmica y contenidos que muchas veces no corresponden a su edad.

México haría bien en observar con atención este debate. No se trata únicamente de prohibir o permitir, sino de encontrar un equilibrio entre la libertad digital y la protección de la infancia. Si Francia ha decidido dar el primer paso, quizá otros países deban preguntarse si ha llegado el momento de hacer lo propio.