
Ciudad de México.- Una coalición de decenas de organizaciones ambientalistas rechazó este jueves la recomendación de un comité científico de usar métodos de fractura hidráulica (fracking) en zonas despobladas, sin usar mantos subterráneos de agua dulce, sino salada.
“Blindar Tampico-Misantla no basta: exigimos la prohibición total del fracking en México, también en el noreste del país, su prohibición sigue siendo un compromiso incumplido (de la presidenta, Claudia Sheinbaum)”, expresó el colectivo integrado, entre otros, por la Alianza Mexicana contra el Fracking, la Acción Colectiva Socioambiental, y el Centro Mexicano de Derecho Ambiental.
En su pronunciamiento, las organizaciones cuestionan que “dos meses después de lo estipulado, el Comité Científico señala que sí irán por el desarrollo de pozos piloto de fracking en yacimientos no convencionales en estados como Coahuila, Nuevo León (fronterizos con EEUU) y norte de Tamaulipas”, como anunció Sheinbaum horas antes, en su rueda de prensa matutina.
“Nos piden prohibir la explotación de gas no convencional en la cuenca Tampico-Misantla, principalmente en Veracruz (sureste), y una parte del sur de Tamaulipas (noreste), porque es social y ambientalmente inviable”, dijo la mandataria al presentar las recomendaciones del referido Comité.
En efecto, los científicos recomiendan usar cuencas subterráneas de agua salada para la fractura hidráulica de las rocas que encapsulan el gas natural, inyectando cantidades masivas de líquidos mezclados con químicos y arenas, que contaminan los mantos acuíferos.
“Nos dicen que, antes de iniciar cualquier producción de gas no convencional, primero asegurarse de que hay agua salada en el subsuelo, porque no se puede usar agua dulce”, recalcó la jefa del Ejecutivo federal.
RESPUESTA AL COMITÉ CIENTÍFICO
El pronunciamiento califica las recomendaciones aceptadas por el Gobierno como “uno de los golpes más duros a la seguridad hídrica del país y a los derechos humanos que debería proteger”, particularmente en el noreste del país, una región donde la escasez de agua ya provoca conflictividad social.
Las organizaciones responden que es imposible aplicar esa tecnología de manera “sustentable”, usando por ejemplo agua salada y reemplazando los químicos por productos biodegradables
“¿Cómo esperan legitimar la opinión de un comité al que no fueron invitados integrantes de las comunidades que serían directamente afectadas, ni personas expertas en epidemiología, derechos humanos y territorios indígenas?”, pregunta la coalición ambientalista: “Tratarlo solo como ingeniería es ya una forma de manipular el debate”, advierten.
El Gobierno y el Comité insisten en que hay nuevas tecnologías que reducen el impacto ambiental e hídrico: uso de agua salobre, reciclaje de agua, espuma de dióxido de carbono, sustancias de origen orgánico o biodegradables, entre otras ideas.
Sin embargo, tales alternativas son calificadas por los inconformes como experimentos documentados en artículos académicos, no soluciones utilizadas de manera generalizada en ninguna parte del mundo.
“No existe evidencia científica sólida que demuestre que estas técnicas eliminan los riesgos estructurales e inherentes del fracking”, puntualizan.
Por el contrario, científicos nacionales e internacionales han advertido que los riesgos para los acuíferos, las fugas de metano, los sismos inducidos y las afectaciones sociales y ambientales no desaparecen con estas supuestas innovaciones.
“Lo que sí existe son datos que dimensionan la amenaza”, señalan los ecologistas.
Afirman que el despliegue del fracking en el país norteamericano no sería una actividad puntual ni acotada a unos cuantos pozos.
Para recuperar apenas el 10 por ciento de los recursos prospectivos se requerirían más de 25.000 pozos y 1.923 millones de metros cúbicos de agua dulce, afirman.
El anuncio tampoco explica cuál será la disposición final de los residuos, no prohíbe su posible descarga en cuerpos dulces o marinos, ni considera que su inyección en pozos de disposición tampoco es segura.
Una de las explicaciones del Gobierno es que México importa desde EU el 75 por ciento gas natural que consume, producido en campos no convencionales de ese país vecino mediante fracking. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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