
La expresión surgida de la cultura gamer pasó de los memes y las redes sociales a convertirse en una forma de describir presencia, estilo, autenticidad y hasta estatus social
Por: Rodrigo Pujol Del Toro, comunicólogo
Hay expresiones que parecen destinadas a durar apenas unos días en internet y terminan revelando mucho más de lo que aparentan. “Farmear aura” es una de ellas.
El término se instaló en TikTok, Instagram, X y en las conversaciones de las generaciones más jóvenes para describir algo difícil de medir, pero fácil de reconocer: la capacidad de una persona para proyectar seguridad, carisma, estilo o una presencia que consigue llamar la atención.
Cambridge Dictionary ya reconoce “aura farming” como una expresión de slang relacionada con la realización de acciones destinadas a proyectar una personalidad atractiva o interesante, particularmente en redes sociales.
La clave de la expresión está en la palabra “farmear”, tomada del universo de los videojuegos. En el gaming, hacer farming implica repetir determinadas acciones para acumular recursos, experiencia, objetos o puntos. Internet trasladó esa lógica a la personalidad: si un jugador puede acumular experiencia, una persona puede acumular simbólicamente “aura”.
En otras palabras, el carisma comenzó a funcionar como si fuera una estadística social.
Los puntos que nadie puede medir
La cultura digital incluso creó una especie de marcador imaginario.
Una entrada espectacular, una respuesta ingeniosa, una mirada, una habilidad inesperada o simplemente una manera particular de vestir pueden representar “+1000 aura”. En sentido contrario, una situación incómoda o un intento demasiado evidente por parecer interesante puede convertirse en una pérdida considerable de esos puntos imaginarios.

No existe un marcador oficial. Esa es precisamente parte de la gracia del concepto.
Merriam-Webster ha explicado cómo la Generación Alpha convirtió “aura” en una forma de medir el llamado “coolness” y desarrolló expresiones como “aura points” y “aura farming”.
De los videojuegos y el anime al fenómeno mundial
“Farmear aura” no tiene un inventor único claramente identificado. Su popularización comenzó alrededor de 2024 en comunidades vinculadas con videojuegos, anime, memes y otras expresiones de la cultura digital.
Posteriormente, el concepto encontró una imagen que ayudó a convertirlo en fenómeno internacional: un niño bailando sobre la proa de una embarcación tradicional durante las carreras Pacu Jalur, en Riau, Indonesia.
Rayyan Arkan Dikha, entonces de 11 años, participaba como bailarín en estas competencias. Sus movimientos, equilibrio, tranquilidad y vestimenta tradicional terminaron convirtiéndose para millones de usuarios en una representación perfecta de lo que internet entendía por “aura farming”.
La viralidad hizo el resto.
El video fue compartido, musicalizado, editado y convertido en meme por usuarios de distintos países. De acuerdo con el Media Center de Riau, una de las publicaciones relacionadas con la competencia había superado los 58 millones de reproducciones y 1.6 millones de “likes” para agosto de 2025.
Lo interesante es que una tradición cultural local terminó incorporándose a un lenguaje global de internet.
El verdadero secreto: parecer auténtico
Aquí aparece una paradoja.
“Farmear aura” supone, en principio, hacer algo deliberadamente para proyectar una determinada imagen. Pero cuanto más evidente es el esfuerzo por parecer carismático, mayor puede ser el rechazo de la audiencia.
La persona puede estudiar la ropa, la pose, la música, la expresión, la forma de caminar o incluso el momento exacto para actuar frente a una cámara. Sin embargo, si el público percibe demasiado cálculo, el efecto puede invertirse.
En el lenguaje de internet, puede pasar de tener “aura” a estar intentando demasiado.
Cambridge incluso advierte sobre esa posibilidad al señalar que el “aura farming” realizado deliberadamente en la vida cotidiana puede provocar burlas y ser considerado “cringe”.
De ahí surge una regla cultural particularmente interesante: en la era digital, el verdadero estatus puede consistir en aparentar que no se está buscando estatus.

Cada persona como una marca
Durante décadas, las marcas intentaron controlar cuidadosamente aquello que querían comunicar.
Las redes sociales modificaron esa lógica. Las audiencias comenzaron a participar en la construcción de la reputación de empresas, celebridades y personajes públicos.
Ahora el fenómeno llegó a la identidad individual.
Cada persona puede convertirse en una pequeña marca personal que administra su imagen, decide qué mostrar, qué ocultar y qué momentos convertir en contenido.
Por eso “aura” no necesariamente significa popularidad.
Una persona puede tener pocos seguidores y proyectar una enorme presencia. Alguien famoso puede perderla en cuestión de segundos. Incluso una situación cotidiana puede transformarse en una escena memorable si genera la impresión adecuada.
La influencia, entonces, comienza a medirse de otra manera: no solamente por cuántas personas te siguen, sino por la impresión que eres capaz de provocar.
Del like al “aura point”
Durante años, las redes sociales utilizaron cifras concretas para representar popularidad: seguidores, reproducciones, comentarios, compartidos y “likes”.
La generación más joven está agregando una categoría mucho más abstracta.
“Aura” permite hablar de carisma, reputación, atractivo y presencia sin necesidad de explicarlos.
“Ganó aura”.
“Perdió aura”.
“+10,000 aura”.
Es una especie de economía simbólica convertida en meme.
Y justamente ahí está su fuerza: el humor permite hablar de jerarquías sociales, popularidad y reputación sin convertir la conversación en algo solemne.
Cuando el “aura” salió de internet
Durante 2026 apareció otra evolución del fenómeno.
Las llamadas “batallas de farmear aura” comenzaron a trasladar el concepto de las pantallas a espacios físicos. Jóvenes compiten mediante poses, movimientos, gestos y actitudes para determinar quién consigue proyectar mayor presencia.
Lo que empezó como una manera de describir una escena viral terminó convirtiéndose en una dinámica presencial, competitiva y participativa.
Internet vuelve así a llevar sus propios códigos a la calle.
Primero fueron los memes. Después los bailes. Ahora, el aura.
Una moda que podría desaparecer, pero que describe algo que permanece
Es probable que “farmear aura” termine siendo sustituido por otra expresión. La cultura digital funciona a una velocidad en la que las palabras aparecen, se vuelven virales y posteriormente pierden relevancia.
Pero la conducta que describe difícilmente desaparecerá.
Detrás del meme existe una necesidad mucho más antigua: queremos ser vistos, reconocidos, admirados y recordados. Lo que cambia es la manera de nombrarlo.
Antes hablábamos de prestigio, reputación, personalidad, carisma o magnetismo.
Ahora simplemente podemos decir:
“Tiene aura”. La lección para las marcas
El fenómeno también representa una advertencia para la comunicación y la publicidad.
Una marca que intente apropiarse de la tendencia de manera artificial corre el riesgo de perder precisamente aquello que el concepto premia: autenticidad.
No basta con colocar “+1000 aura” en un anuncio. Para conectar con las nuevas generaciones es necesario comprender el código cultural detrás de la expresión: humor, espontaneidad, estética, ironía, participación y la capacidad de generar una escena que el público quiera compartir porque realmente le resulta atractiva o divertida.
El caso de Pacu Jalur es particularmente ilustrativo. La tradición no nació como una campaña internacional; fue la audiencia la que encontró una imagen poderosa, la convirtió en contenido, la reinterpretó y la llevó a millones de pantallas.
La viralidad, en ese sentido, no siempre puede fabricarse. Muchas veces solamente puede encontrarse el escenario adecuado para que ocurra.

La pregunta que queda
“Farmear aura” puede parecer una simple moda de internet. Pero detrás de las poses, los memes y los “aura points” existe una transformación más profunda: una generación que está aprendiendo a construir su identidad mientras es observada.
La pregunta ya no es solamente cuánto “aura” tiene una persona.
La pregunta es si estamos construyendo quiénes somos o si estamos aprendiendo a construir la versión de nosotros mismos que queremos que los demás vean.
Porque vivimos en una época en la que la identidad también se edita, se publica, se comparte y se mide.
Y ahora, también se farmea.
Especial-eitmedial.mx
Fuentes consultadas: Cambridge Dictionary, Merriam-Webster, Media Center Riau, ANTARA News, El Financiero, Excélsior, La Nación y medios especializados en cultura digital.




