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Gerson Gómez

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El peaje del Pipirapau

El Volkswagen viejo, oxidado, con la música del Pipirapau tronando en las bocinas.

Soy muy carita, aunque tenga un Volkswagen, dice la canción, mientras en las avenidas de Monterrey desfilan los superautos con placas de Morelos, brillando como espejitos de feria. El contraste es brutal.

El pase turístico en Nuevo León aparece como un invento digno de un manual de extorsión moderna. Samuel García sonríe en las fotos oficiales, como si hubiera descubierto la fórmula mágica para que Coahuila y Tamaulipas también se lleven su tajada.

El pase no es un consentimiento. Es impuesto disfrazado de souvenir. Mordida institucionalizada. Alcancía pintada de naranja fosforescente. Los dueños de Ferrari, Lamborghini y Porsche con placas de Morelos se convierten en los protagonistas de esta tragicomedia. Pagan por circular, por existir, por presumir. El Estado se convierte en un cobrador de casetas invisibles.

El negocio del miedo.

El pase turístico funciona como un recordatorio de que el lujo nunca es gratis. Los autos de gama alta se convierten en blancos móviles. Policías estatales y municipales se frotan las manos. El pase es la coartada perfecta. No trae pase, joven, vamos a tener que multarlo. La multa es teatro. El pase el boleto de entrada al circo. El ciudadano el payaso involuntario.

La ironía el pase turístico no promueve el turismo. Lo castiga. Es un pase para ser extorsionado con recibo oficial. Una especie de vacuna contra la mordida, pero aplicada con jeringa oxidada.

Amarillismo con sabor a pipirapau.

La canción del Pipirapau se convierte en himno de resistencia. Soy muy carita, aunque tenga un Volkswagen. El Volkswagen se ríe de los Ferrari. El Volkswagen no necesita pase. El Volkswagen es inmune al glamour. El Volkswagen es la burla rodante contra el sistema.

Los noticieros amarillistas se sabrosean la nota. Nuevo León estrena pase turístico. Las cámaras enfocan a los autos de lujo, los choferes con lentes oscuros, las placas de Morelos brillando como trofeos. El público se indigna, pero también se entretiene. El pase turístico convertido en espectáculo.

El fin recaudatorio disfrazado de modernidad.

El discurso oficial habla de orden, de regulación, de seguridad. La realidad es recaudación. Coahuila y Tamaulipas aplauden. Nuevo León cobra. Los conductores pagan. El dinero fluye como río sucio. El pase turístico es peaje invisible. Alcancía disfrazada de política pública.

La ironía es el pase cuesta más a la dignidad. El ciudadano paga para no ser molestado. El ciudadano paga al policía su sonrisa. El ciudadano paga para que el Estado se sienta moderno.

Humor negro en cada curva.

Aparece en cada esquina. El Ferrari detenido por no traer pase. El Lamborghini humillado por un Volkswagen. El Porsche convertido en víctima de la burocracia. El conductor de Morelos convertido en protagonista de una tragicomedia norteña.

El pase turístico es mordida institucionalizada. El impuesto disfrazado de souvenir. La alcancía pintada de naranja para subsanar las finanzas en las próximas elecciones. Es el Pipirapau sonando en las bocinas mientras el Volkswagen se ríe de los Ferrari.

El pase turístico en Nuevo León es trámite engorroso. Símbolo de extorsión moderna. Recordatorio del lujo nunca es gratis. La mordida con recibo oficial. Circo donde los autos de Morelos son los payasos involuntarios.

La crónica termina con la imagen de un Volkswagen viejo, oxidado, con la música del Pipirapau tronando en las bocinas. “Soy muy carita, aunque tenga un Volkswagen”.

El Volkswagen se ríe de los Ferrari. El Volkswagen se ríe del pase turístico. El Volkswagen se ríe del sistema.

El pase turístico mordida institucionalizada. Impuesto disfrazado de souvenir. Alcancía pintada de naranja. Es el Pipirapau sonando en las bocinas mientras el Volkswagen se ríe de los Ferrari.