
Lucía Barrios
Buenos Aires.- A veces, un leve cambio puede desencadenar consecuencias importantes: basta un solo aminoácido distinto para que una enzima bacteriana reduzca de forma considerable la eficacia de los medicamentos que combaten ciertas infecciones.
Así lo demostró un estudio internacional liderado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, en colaboración con especialistas de EU. El hallazgo ayuda a entender cómo las bacterias se vuelven más difíciles de combatir y podría orientar el desarrollo de tratamientos frente a una amenaza sanitaria global.
La investigación analizó cómo esa diferencia mínima en la enzima PER-14 afecta la acción de avibactam y relebactam, dos sustancias que se administran junto con determinados antibióticos para reforzar su efecto.
“Conocer cómo funcionan estos mecanismos de resistencia (de las bacterias) puede ayudar a mejorar antibióticos existentes o a diseñar nuevos antibióticos e inhibidores”, explicó a la Agencia Sputnik el investigador Pablo Power, director del Instituto de Investigaciones en Bacteriología y Virología Molecular (IBaViM).
BACTERIAS BLINDADAS
Algunas bacterias producen una enzima llamada beta-lactamasa, capaz de desactivar ciertos antibióticos de uso frecuente antes de que estos puedan eliminarlas.
El Conicet estudió la enzima PER-14 y la comparó con otra llamada PER-2, detectada en determinadas bacterias en Argentina, comprobando que se diferencian en un solo aminoácido.
Aunque parece insignificante, esta variación puede alterar el resultado: a los dos inhibidores estudiados, avibactam y relebactam, les cuesta mucho más bloquear a PER-14 que a PER-2. Además, PER-14 conserva su capacidad para inactivar distintos antibióticos.
“Este tipo de modificaciones son bastante habituales y forman parte de los mecanismos de evolución de la resistencia bacteriana”, señaló Power.
AMENAZA GLOBAL
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que la resistencia bacteriana estuvo asociada a 4,71 millones de muertes en el mundo en 2021. En un informe del 16 de julio, el organismo la calificó de “importante amenaza para la salud mundial” y reportó que, en 2023, casi una de cada seis infecciones confirmadas en laboratorio era resistente a los antibióticos.
La OMS advirtió además que el mundo enfrenta “una crisis en la investigación y el desarrollo de antimicrobianos, con pocos medicamentos nuevos en fase de desarrollo”.
La proyección a largo plazo es más sombría. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) proyectó en 2023 que para 2050 las muertes atribuibles a la resistencia antimicrobiana superarían a las provocadas por el cáncer y los accidentes de tránsito sumados.
A su vez, en América Latina y el Caribe, un estudio de The Lancet estimó que la resistencia bacteriana estuvo asociada a unas 338.000 muertes en 2019.
ANTICIPARSE A LA RESISTENCIA
El hallazgo, publicado en la revista Antimicrobial Agents and Chemotherapy, puede contribuir a identificar anticipadamente qué tratamientos podrían perder eficacia y orientar el desarrollo de nuevas alternativas terapéuticas.
“Estudiar estas mutaciones permite anticipar que determinadas las bacterias que las producen podrían no responder a ciertos tratamientos (…) Con ello, se puede predecir que un antibiótico va a funcionar por poco tiempo”, explicó Power.
Para llegar a estos resultados, su equipo combinó pruebas de laboratorio con análisis de la actividad de las enzimas y modelos computacionales, y añadió una técnica que permite identificar moléculas para estudiar cómo se unían los inhibidores a PER-14 y PER-2.
Los distintos métodos mostraron el mismo fenómeno desde diferentes perspectivas y explican por qué la pequeña modificación dificulta la acción de los fármacos.
A juicio del investigador, conocer cómo interactúan las enzimas con los inhibidores también abre la posibilidad de introducir modificaciones químicas en los medicamentos para evitar que las bacterias puedan neutralizarlos con tanta facilidad.
El especialista subrayó, no obstante, que desarrollar un fármaco nuevo es un proceso complejo que puede tardar años. De ahí que considere clave generar conocimiento que oriente las investigaciones y preserve la eficacia de los tratamientos disponibles.
EL PROCEDIMIENTO
Este tipo de bacterias resistentes a los antibióticos pueden provocar infecciones más difíciles de tratar, y suelen causar infecciones urinarias, abdominales o de la sangre.
La enzima PER-14 fue detectada en una muestra de Raoultella ornithinolytica, bacteria del grupo de los enterobacterales, que incluye microorganismos que pueden formar parte de la microbiota intestinal, como la Escherichia coli y la Klebsiella pneumoniae.
También pueden aparecer en las Pseudomonas aeruginosa y Acinetobacter baumannii, bacterias asociadas a infecciones hospitalarias difíciles de tratar.
Según Power, las enzimas PER representan entre el 5 y el 10 por ciento de las beta-lactamasas detectadas en patógenos del Cono Sur.
Algunas de estas especies, añadió, pueden vivir en el ambiente y tienen fases de vida libre en el agua, por lo que “el control de los efluentes también es importante”. Por eso insistió en mantener sistemas de vigilancia epidemiológica que detecten nuevas variantes resistentes y eviten brotes en hospitales o en la comunidad.
USO RESPONSABLE
Aunque las bacterias pueden desarrollar cambios genéticos de manera natural, el uso de antibióticos puede favorecer a las que pueden resistirlos. Esto se conoce como “presión de selección”: cuando un antibiótico elimina las bacterias sensibles, las que logran resistir tienen más posibilidades de sobrevivir, multiplicarse y transmitir esa característica.
Con el tiempo, las cepas resistentes se vuelven más frecuentes y algunas infecciones, más difíciles de tratar.
“Una de las medidas fundamentales es mantener sistemas de vigilancia que permitan detectar la aparición de nuevos mecanismos. Pero también es esencial utilizar correctamente los antibióticos”, afirmó Power.
El investigador remarcó que dichos medicamentos no deben utilizarse para tratar infecciones virales y que, cuando se necesitan, es importante identificar la bacteria responsable y determinar a qué antibióticos responde.
También subrayó la necesidad de respetar las indicaciones médicas sobre las dosis y la duración del tratamiento, y de no guardar sobrantes para darlos a otras personas. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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