
Brasil, las urnas y las sospechas: ¿México está preparado para evitar otro escándalo electoral?
En política, las casualidades pueden existir, pero cuando una decisión se toma al filo del reloj y deja a unos ciudadanos votando mientras otros ya vieron cerrar sus casillas, la explicación debe ser mucho más convincente que un simple argumento administrativo. Eso es lo que ocurrió en Brasil y lo que obliga a mirar hacia México antes de que las próximas elecciones nos alcancen.
La orden de extender la votación hasta las siete de la tarde, cuando el horario oficial concluía a las cinco, llegó en un momento especialmente delicado. Algunas casillas ya habían cerrado; otras pudieron continuar abiertas. La justificación fueron los problemas de transporte público denunciados por la campaña de Lula. La campaña de Flávio Bolsonaro también pidió ampliar el horario en algunos estados, aunque por las afectaciones de las lluvias. Pero una cosa es atender una emergencia y otra hacerlo cuando la jornada está prácticamente terminada, con el riesgo de generar confusión, desigualdad operativa y desconfianza.
¿Es posible afirmar que esas dos horas le dieron el triunfo a Lula? No, sin pruebas. ¿Es razonable exigir que se explique con detalle dónde se prolongó la votación, cuántos ciudadanos pudieron sufragar y cómo se garantizó la igualdad de condiciones? Por supuesto. Una democracia no puede pedirle a la ciudadanía que cierre los ojos ante una decisión extraordinaria. Si todo se hizo correctamente, que lo demuestren los registros. Y si hubo fallas, que se investiguen.
Brasil deja una advertencia que México no debería ignorar. Aquí también hay motivos para exigir explicaciones sobre la actuación de quienes tienen en sus manos la organización de las elecciones. La gestión de Guadalupe Taddei al frente del Instituto Nacional Electoral ha estado bajo el escrutinio público, y los cuestionamientos sobre presuntos conflictos de interés relacionados con su entorno familiar y contratos con recursos públicos no pueden despacharse como si fueran simples ataques políticos.
Las informaciones sobre el viaje a París de su hijo, acompañado por un empresario vinculado con una empresa proveedora del INE, así como los señalamientos sobre contratos millonarios, merecen respuestas claras. La Auditoría Superior de la Federación abrió una investigación de oficio sobre presuntas irregularidades en contrataciones. Eso no significa que exista una responsabilidad penal acreditada de Taddei, pero tampoco autoriza a dar el asunto por cerrado antes de que se esclarezcan los hechos. Cuando se trata de recursos públicos y de la institución responsable de organizar elecciones, la transparencia no es un favor: es una obligación.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿qué garantías tiene México para impedir que, en una jornada electoral futura, una autoridad pretenda modificar los horarios cuando algunas casillas ya hayan cerrado? ¿Qué sucedería si la decisión beneficiara, real o aparentemente, a una candidatura? ¿Quién garantizaría que todas las secciones recibieran la misma instrucción, al mismo tiempo y bajo los mismos criterios?
No basta con confiar en que las instituciones actuarán correctamente. Las instituciones deben demostrarlo. México necesita reglas inequívocas para cualquier contingencia electoral, decisiones oportunas, instrucciones públicas y mecanismos de supervisión que impidan improvisaciones de última hora. Y si alguien considera que una ampliación del horario es necesaria, deberá explicar por qué, con qué fundamento, en qué lugares y bajo qué controles. La certeza electoral no puede quedar a merced de una orden que llega cuando el reloj ya está marcando el cierre.
La salida de Taddei de la presidencia del INE, cuando corresponda conforme al calendario institucional, tampoco debe convertirse en una cortina de humo que deje sin respuesta los cuestionamientos pendientes. Ninguna persona está por encima del escrutinio público, y ninguna investigación debe resolverse mediante rumores, pero tampoco archivarse por conveniencia. Si las acusaciones carecen de fundamento, que se aclare; si se comprueban irregularidades, que haya consecuencias. Así funciona un Estado de derecho, no mediante silencios ni privilegios.
Porque lo ocurrido en Brasil no demuestra que las elecciones mexicanas vayan a sufrir una maniobra semejante, pero sí confirma que una decisión electoral de última hora puede abrir una crisis de confianza, incluso cuando las autoridades aseguran que actuaron para resolver un problema. México haría mal en esperar a que estalle una controversia para preguntarse si cuenta con suficientes candados. Y, por cierto, ¿cómo olvidar que en 1988 se cayó el sistema electoral? Desde entonces, hemos sido testigos de episodios que han alimentado la desconfianza, incluidas denuncias de urnas robadas a plena luz del día. La historia electoral de México tiene suficientes capítulos polémicos como para entender que la confianza no se decreta ni se exige: se gana con transparencia, reglas claras y autoridades que no dejen espacio para la sospecha. Porque cuando se trata del voto ciudadano, cualquier duda sin respuesta termina convirtiéndose en una herida para la democracia.
Y, en medio de tantas preguntas terrenales, también aparecen los expedientes estadounidenses sobre fenómenos aéreos no identificados. La más reciente entrega volvió a poner sobre la mesa testimonios sobre luces extrañas y un supuesto objeto triangular que habría realizado maniobras a gran velocidad y sin emitir sonido. ¿Seres de otro mundo? Los documentos no lo prueban. Pero sí recuerdan que hay asuntos para los que todavía faltan explicaciones.

La diferencia es que los fenómenos del cielo pueden seguir siendo un misterio; la democracia no. Las urnas no pueden depender de decisiones improvisadas, las autoridades no pueden exigir confianza sin rendir cuentas y los ciudadanos no tienen por qué aceptar explicaciones incompletas. Si Brasil encendió una alarma, México tiene tiempo para revisar sus propios mecanismos. La pregunta es si lo hará antes de la próxima elección o si, una vez más, esperará a que las dudas aparezcan cuando ya sea demasiado tarde.
Documentos sobre fenómenos aéreos no identificados: https://www.war.gov/UFO/



