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Gerson Gómez

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El Black Hawk de la firma jurídica

En Nuevo León se triangula todo hasta el agua. Washington no se entera. Austin, menos. Los Ángeles ronca, Chicago tirita en lo suyo, la CDMX bastante tiene con sus propios sótanos, Guadalajara se mira el ombligo, Saltillo atiende su vecindad, y en Moscú y Kiev, con los misiles encima.

San Pedro Garza García no figura ni de nota al pie. Ahí radica el mérito local. Aquí se cocina un escándalo de primera división y a nadie del planeta le llega el olor.

Desde esta esquina del norte, el expediente va así.

El 26 de mayo Morena acudió a la FGR contra el gobernador Samuel García y su esposa, Mariana Rodríguez, por presunta corrupción, triangulación financiera y conflicto de interés. La sospecha central es dinero pagado por el gobierno estatal a proveedores terminó en un despacho jurídico y fiscal vinculado con familiares del gobernador. En septiembre, la lista de denunciados creció con padre, medio hermano, secretario general y un primo. Una dinastía con ánimo de ahorro, donde hasta el parentesco cotiza como proveedor.

Morena llevará a la FGR denuncia formal contra Samuel García y Mariana Rodríguez por corrupción en Nuevo León

El Congreso local tampoco se quedó en la butaca. Su Comisión Anticorrupción aprobó iniciar juicio político por presuntas triangulaciones y peculado. A otra denuncia le tocó la parte aérea.

Acusa al gobernador de abordar el Black Hawk para recreación en vez de destinarlo a la seguridad pública. Un helicóptero de guerra convertido en Uber de la farándula, mientras la tropa de a pie camina bajo el sol.

Lo prometido era presunción de inocencia, ese lujo en Nuevo León sí se respeta, y conviene dejarlo asentado. Nada de esto es sentencia. El gobernador rechaza las acusaciones y las llama refrito político, y asegura la autoridad ya resolvió, no hay irregularidades. Quienes acusan, además, son sus adversarios de Morena, con propias ambiciones rumbo a 2027. Así se reparte el pastel. Presumen limpieza, otros ensucian por oficio, y el contribuyente paga la lavandería de ambos.

El pueblo cuenta lo suyo. La presión pública creció por la crisis de movilidad y la escasez de agua. Quien madruga en Escobedo para esperar un camión no llega y abre la llave para recibir aire sabe la política se mide en litros y en horas de traslado. La pobreza se reconoce por el tiempo que te roba el transporte y por el cubetazo ya no cae. El clasismo regio, tan fino, resuelve la sed con aguas importadas. En las colonias bonitas el problema es ajeno, y en las otras, un descuido de la naturaleza.

La desigualdad tiene sentido del humor. A los de abajo se les pide paciencia, vocación de resiliencia y un tinaco. A los de arriba, la tribuna, el despacho y, cuando se ofrece, el helicóptero. La pregunta incómoda sigue vigente. Los millones brincaron de la Tesorería a un proveedor y de ahí al despacho, ¿en qué escala intermedia se perdió la manguera para llegar a las llaves de Apodaca?

Lo averigüen los fiscales, jueces y diputados juran amar el estado. Nuevo León seguirá siendo el lugar donde el agua escasea, la grilla abunda y el escándalo, igual al presupuesto, se triangula hasta desaparecer.

Las denuncias se apilan y sed se queda. El día que alguien rinda cuentas y tenga agua, Washington se enterará por fin, aunque sea por el ruido de la regadera.