
El reordenamiento del comercio global ya está en marcha y definirá el rumbo económico de las próximas décadas, con un eje central: la salida de la producción de bienes intermedios de China, un proceso en el que México aparece como uno de los principales beneficiarios potenciales, de acuerdo con el exembajador Jorge Guajardo.
Durante una conferencia en la Universidad de Monterrey, el especialista en comercio internacional advirtió que el mundo atraviesa una de las disrupciones geopolíticas más relevantes en años, impulsada por el control que mantiene el país asiático sobre insumos clave para la industria global, particularmente los llamados bienes intermedios.
Guajardo explicó que estos componentes, aunque no llegan directamente al consumidor final, sostienen toda la cadena productiva, lo que ha permitido a China consolidar una posición estratégica que hoy se ha convertido en herramienta de presión internacional. Recordó que el punto de quiebre reciente se dio cuando Estados Unidos endureció restricciones comerciales y, como respuesta, el gigante asiático limitó la exportación de minerales de tierras raras, fundamentales para sectores tecnológicos.
El experto comparó este escenario con crisis históricas como el embargo petrolero de 1973, al considerar que el uso de insumos industriales como arma geopolítica obliga a las economías occidentales a replantear de forma urgente sus cadenas de suministro.
En este nuevo tablero, señaló, empresas globales ya están tomando decisiones que marcan tendencia, al evitar componentes provenientes de China en sus procesos productivos fuera de ese país, priorizando factores de seguridad sobre eficiencia logística, lo que acelera la reconfiguración industrial.
Para México, el momento representa una oportunidad inédita, aunque con retos claros. Guajardo subrayó que el país no solo debe enfocarse en atraer inversión extranjera, sino en impulsar la creación de empresas nacionales capaces de producir los insumos que antes se importaban desde Asia.
En ese sentido, hizo un llamado directo al sector empresarial, particularmente en Monterrey, para redirigir capital hacia la industria local en lugar de apostar por modelos tecnológicos tradicionales, planteando que la verdadera disrupción hoy está en reconstruir cadenas productivas fuera de China.
También propuso fortalecer el vínculo entre universidades y empresarios para impulsar nuevas generaciones de compañías en sectores estratégicos como autopartes, electrónica y farmacéutica, mediante esquemas de financiamiento y acompañamiento que permitan competir a nivel global.
Finalmente, advirtió que el siguiente gran campo de batalla será la robótica humanoide, un mercado donde la dependencia actual de China es dominante y cuya cadena de suministro aún está por construirse, lo que abre una ventana de oportunidad para países que logren anticiparse.
El mensaje fue claro: el mundo ya cambió y la carrera por redefinir la industria global está en marcha; la pregunta ahora es si México sabrá capitalizarla o dejará pasar una oportunidad que difícilmente se repetirá.
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