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Gerardo Ledezma

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“El lobo ya está en la puerta: acusaciones por narco sacuden al poder y exhiben crisis de credibilidad en México”

México no había enfrentado, en su historia reciente, un señalamiento de esta magnitud contra un gobernador en funciones por presuntos vínculos con el narcotráfico. Hoy, el caso de Rubén Rocha Moya no solo sacude a Sinaloa, sino que coloca al país entero bajo una lupa internacional que no admite discursos evasivos.

Lo preocupante no es únicamente la acusación en sí, sino la reacción desde el poder. Las declaraciones del senador Gerardo Fernández Noroña, lejos de aportar claridad o mesura, exhiben un tono confrontativo, impulsivo y desproporcionado frente a un tema que exige seriedad institucional. Descalificar, insultar o minimizar no borra la gravedad del momento; por el contrario, la agrava.

“Rechazo categóricamente sus insidias contra el gobernador Rocha Moya y la gobernadora Marina Pilar […] Se los voy a decir de otra manera: si estuviéramos vinculados al narco, no se atreverían a decírnoslo, si fuéramos una dictadura, no se atreverían a decírnoslo, porque no tienen pasta ni de héroes ni de mártires, pandilla de canallas, pandilla de traidores al pueblo, pandilla de miserables que se la pasan provocando […] se la pasan promoviendo la intervención ilegal […] metieron a la CIA por la puerta trasera”.

-Haga usted, el favor si ayuda en algo. Pues bien, durante años se repitió una narrativa que hoy se desmorona frente a los hechos. La política de “abrazos, no balazos”, impulsada en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, apostó por una estrategia que, a la luz de los resultados, dejó más dudas que certezas. La cercanía política, los gestos polémicos y la falta de resultados contundentes en materia de seguridad hoy pesan, y las consecuencias comienzan a alcanzar niveles internacionales. Y como olvidar sus constante viajes a ver a la mamá de “El Chapo”.

Sí. Estados Unidos no lanza acusaciones de este calibre a la ligera. Cuando una fiscalía federal señala a funcionarios —incluido un gobernador— por presunta colaboración con estructuras criminales, el impacto trasciende lo judicial: golpea la credibilidad del Estado mexicano, tensiona la relación bilateral y pone en riesgo acuerdos clave como el T-MEC.

El discurso oficial insiste en la soberanía, en la falta de pruebas y en el rechazo al intervencionismo. Pero el problema no desaparece por negarlo. México enfrenta hoy un escenario delicado: múltiples funcionarios señalados, presuntas redes de complicidad y una presión internacional creciente que difícilmente se detendrá con declaraciones.

El país ya no está en la etapa de advertencias. Durante años se dijo “ahí viene el lobo” y muchos optaron por no escuchar. Hoy, el lobo está frente a la puerta. Y lo verdaderamente peligroso no es solo su llegada, sino la incapacidad —o la negativa— de reconocerlo.

Porque cuando la política se convierte en defensa automática y no en búsqueda de verdad, el costo no lo paga un partido, ni un gobierno: lo paga México entero. Así que dejemos las pendejadas de lado y el hecho de andarle pegándole a decir “todos son Moya” estamos muy equivocados. Por que este individuo que hoy está siendo acusado. Por dignidad debería renunciar y viajar por su propio pie a los Estados Unidos. Al cabo, él dice junto a sus otros allegados : ser inocentes. ¿Entonces, porqué no entregarse?.