
Quito.- La rana arlequín jambato, originaria de Ecuador, podría desaparecer de la faz de la tierra, luego de su redescubrimiento en 2016 de forma casual por un niño, más de 10 años después de ser declarada en extinción tras casi tres décadas sin rastro alguno.
“La situación de esta especie, Atelopus ignescens (Arlequín incandescente), es crítica; estamos ya documentando sus últimos momentos en el campo. Hay muy pocos individuos. En el censo último liderado por la Universidad San Francisco de Quito durante un año (2021-2022) se contaron 71, de los cuales solamente seis eran renacuajos”, señaló a la Agencia Sputnik el doctor Luis Coloma, director del Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios, de este país sudamericano.
Aunque otrora pululaba en los páramos y valles interandinos del Ecuador, esta rana de dorso color negro y con barriga usualmente anaranjada brillante, que la delatan cuando se desplaza de día sobre la hierba, podría sucumbir frente a las amenazas a su hábitat como un hongo, el cambio climático y la construcción de una carretera en la región donde se lo halla.
Coloma, doctor en Sistemática y Ecología por la Universidad de Kansas (EEUU), señaló que la comunidad científica está alarmada porque este no sería el único caso de una especie que va a camino al final de su existencia, en medio de una catástrofe de extinción de anfibios a nivel global.
“En Ecuador, más de 40 especies de anfibios (ranas, sapos) no han sido vistos nuevamente a partir de los años 90”, anotó.
Según dijo, las estimaciones apuntan a que en este país existen unas 900 especies de anfibios, lo que convierte al Ecuador en la nación con mayor diversidad de anfibios en el mundo por unidad de superficie.
De ese total han sido descritas hasta ahora 705 y más del 60 por ciento están en alguna categoría de extinción.
AMENAZAS LATENTES
La quitridiomicosis, causada por un hongo, en sinergia con el cambio climático y otras amenazas, está entre las causales de la desaparición súbita de esta especie, la primera descrita por la ciencia desde Ecuador, en 1849.
“Un hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis (patógeno que en condiciones térmicas favorables mata a las ranas) y otros patógenos (entre ellos virus) estarían detrás de estas extinciones masivas de anfibios en general”, anotó.
Los jambatos se podían encontrar en el Parque Nacional Cotopaxi, la Reserva de Producción Faunística Chimborazo, la Reserva Ecológica Cayambe-Coca, en el Parque Nacional Llanganates y en la Reserva Ecológica Los Ilinizas, pero ya estas poblaciones desaparecieron.
“Se ve claramente la acción humana a través del cambio climático y también, sí, claro, en la destrucción de los hábitats (en este caso por la construcción de una vía), el uso de los pesticidas, las especies introducidas, el fuego causado por los humanos, la urbanización, etcétera”, aseveró.
Pese a la abundancia de la especie hasta 1986, los últimos avistamientos habían sido en 1988, por lo cual fue declarada extinta por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Se estima que esta especie estaba localizada en un área de 8.000 kilómetros cuadrados, pero bajó a unos 15 kilómetros cuadrados, básicamente en la Cuenca del Río Guambaine (Angamarca, provincia de Cotopaxi), después de su redescubrimiento hace exactamente una década.
“Es un síntoma de que el planeta está en un frágil equilibrio que causa la extinción de estas especies y muy probablemente de muchas otras especies que ni siquiera han sido documentadas”, indicó.
Actualmente existe una amenaza a causa del proyecto ya iniciado para una carretera en Angamarca, donde se ha ubicado a esta especie.
“Todo el material para la construcción de la carretera fue botado hacia los sitios donde estaba una parte importante de la población (del jambato), que es en el río Guambaine, y esto, por supuesto, seguramente mató a muchos individuos juveniles y adultos, pero también cambió las condiciones del río, y entonces las posibilidades de que la especie se reproduzca exitosamente o los renacuajos sobrevivan en ese sitio ahora son muy bajas”, explicó Coloma.
CONSERVACIÓN “IN SITU” Y “EX SITU”
Los esfuerzos de esta institución privada y otras organizaciones por conservar el jambato, particularmente la Alianza Jambato y las comunidades de Angamarca, siguen dos estrategias básicamente: el manejo “in situ” de la especie y el manejo “ex situ”, es decir, en su hábitat y fuera de éste (en laboratorios).
La conservación in situ, liderada por la Alianza Jambato, implica la protección de su hábitat; el monitoreo de la población remanente -incluida su composición genética -; el estudio de amenazas, el seguimiento de su historia natural.
Paralelamente, en el componente ex situ los individuos se mantienen y crían en los laboratorios del Centro Jambatu, donde también son estudiados.
Coloma precisó que, tras el hallazgo de un ejemplar que anuló la teoría de la extinción, en 2017 se lograron los primeros eventos reproductivos, pero posteriormente los científicos han afrontado dificultades con el desarrollo de los paquetes tecnológicos para la cría, en lo cual están muy involucrados actualmente.
“Un problema que existe con el manejo ex situ es que no se dispone de los suficientes individuos, tanto para experimentación como para un manejo genético adecuado. Es decir, con pocos individuos es muy difícil garantizar la viabilidad genética de esta población”, explicó.
Actualmente se han realizado grandes avances tecnológicos para la cría de ranas arlequín y se busca aumentar los pies parentales, preservar el material genético y el esperma de machos para contar con la suficiente variación genética que garantice la supervivencia a largo plazo de estas poblaciones de laboratorio, para luego reintroducirlas a sus hábitats históricos.
El experto señala que existen innumerables razones para la labor conservacionista de esta especie.
Según indicó, existía en el país una relación muy cercana con estos ejemplares, incluso en el pasado, cuando eran utilizados para curar sarna y verrugas, aliviar jaquecas, tratar el espanto o también para llenar las “ollas encantadas” dedicadas a las cumpleañeras.
“También hay un potencial gigante en sus pieles, que tienen estos químicos como las tetrodotoxinas, de interés biomédico, los cuales todavía no han sido investigados o se están empezando las investigaciones, pero también puede tener muchos usos potenciales”, indicó.
Coloma advirtió que la pérdida definitiva del jambato sería una verdadera tragedia para un país como Ecuador, uno de los más megadiversos por kilómetro cuadrado a nivel mundial.
“Está claro que el desarrollo de un país como el Ecuador debe estar centrado en su diversidad biológica y entonces seguir perdiendo estas especies es un atentado contra su futuro, contra su desarrollo”, sentenció.
Algunos pasos se han dado para evitar la pérdida de esta especie, como la creación en 2021 de la Fundación Alianza Jambato (ONG); la publicación en 2023 en Angamarca de una resolución de protección y la declaratoria del 21 de abril como el Día del Jambato.
También en 2025 se organizó un taller para elaborar el Plan de Acción para la Conservación del Jambato y el Gobierno de Cotopaxi anunció la intención de crear un Área de Conservación y Uso Sostenible.
Para Coloma, si esta especie se extingue, no solo la comunidad científica habría fracasado, sino también la sociedad ecuatoriana y la humanidad, como señal inequívoca de que no se están haciendo bien las cosas y de que el discurso de la conservación no basta, pues son indispensables acciones inmediatas. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
Foto: Tomada de https://x.com/AcEcologica
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