
Bogotá, 28 may (Sputnik).- Los hipopótamos que pertenecieron a Pablo Escobar en Colombia se han convertido con los años en un símbolo del impacto que el narcotráfico, la falta de control estatal y el tráfico de fauna silvestre pueden tener sobre un ecosistema tan biodiverso como el del país sudamericano.
Ahora, el caso abrió un nuevo capítulo: desde Moscú, un zoológico ruso impulsa una campaña internacional para salvar a 80 de estos animales y evitar que sean sacrificados en Colombia. La iniciativa se suma a otras propuestas planteadas anteriormente por distintos países.
La directora del Zoológico de Moscú y presidenta de la Asociación Global de Instituciones Zoológicas (GUZI), Svetlana Akúlova, anunció recientemente el inicio de una campaña internacional para trasladar a los hipopótamos colombianos.
Los hipopótamos llegaron a Colombia en la década de 1980, cuando Pablo Escobar convirtió su Hacienda Nápoles en un zoológico privado como muestra de poder y extravagancia.
Tras la muerte del capo, la mayoría de los animales fueron reubicados, pero cuatro hipopótamos quedaron en libertad. Décadas después, sus descendientes ya superan los 200 ejemplares y se expanden por el Magdalena Medio, donde conforman la mayor población de esta especie fuera de África.
El Gobierno colombiano anunció este año que evalúa aplicar eutanasia a unos 80 hipopótamos como parte de un plan de manejo destinado a frenar el crecimiento de la población, que podría acercarse a los 500 ejemplares hacia 2030.
La medida generó rechazo entre sectores animalistas y abrió la puerta a propuestas internacionales, como la impulsada desde Rusia.
Akúlova presentó la operación como un esfuerzo global coordinado entre instituciones zoológicas de Europa, América Latina, África y Asia. Según la iniciativa, los animales serían distribuidos en distintos centros acreditados para evitar su sacrificio y manejar los problemas genéticos derivados de la reproducción entre individuos emparentados.
En diálogo con la Agencia Sputnik, Andrés García-Londoño, biólogo y miembro de la Fundación Bioethos, consideró que la iniciativa no se ajusta a la realidad biológica y logística de mover hipopótamos silvestres que llevan décadas viviendo libres en Colombia.
Según explicó, la mayoría de zoológicos y santuarios trabajan con hipopótamos habituados desde pequeños al contacto humano, y no con animales salvajes que viven en manadas y pueden reaccionar de forma agresiva ante cualquier intento de captura.
Dormir un hipopótamo no es simplemente disparar un dardo tranquilizante y subirlo a un avión. Según el experto, se trata de animales gregarios, altamente territoriales y capaces de reaccionar con agresividad cuando perciben una amenaza para su grupo.
García-Londoño explicó que incluso en África las experiencias de translocación han sido escasas, costosas y en muchos casos fallidas.
“En toda la historia se han podido trasladar unos pocos individuos porque la peligrosidad de hacerlo es bastante elevada”, señaló.
El procedimiento implica, en una primera etapa, atraer al animal hacia un corral improvisado mediante cebos, aislarlo del grupo y sedarlo sin que logre escapar hacia el agua, un punto considerado crítico. Si el ejemplar cae sedado en un río o ciénaga, puede morir por ahogamiento.
Luego, se enfrenta una fase aún más compleja: mantener con vida y bajo control a un hipopótamo durante un traslado intercontinental.
El biólogo pone en duda que exista un protocolo viable para mantener sedado durante casi un día entero a un animal de más de dos toneladas sin comprometer seriamente su salud.
“Es un animal que va a estar estresado, probablemente embistiendo, sin dejarse alimentar. Puede entrar en un estado crítico”, advirtió.
La propuesta rusa también enfrenta obstáculos legales, ya que el traslado internacional de fauna exótica depende de acuerdos formales entre Estados y de autorizaciones bajo la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES).
A ello se suman los riesgos sanitarios asociados al traslado de animales exóticos. Según explicó García-Londoño, los hipopótamos en Colombia llevan cerca de 40 años adaptados a ecosistemas tropicales y han estado expuestos a bacterias y parásitos distintos a los que se encuentran en Europa o Asia.
El biólogo advierte que trasladarlos sin controles epidemiológicos rigurosos podría poner en riesgo otras colecciones zoológicas e incluso facilitar transmisión de enfermedades.
Los hipopótamos se han convertido en un símbolo cultural y forman parte del paisaje turístico del Magdalena Medio, además de generar una empatía poco habitual en el caso de especies invasoras.
Ese componente emocional explica por qué cada intento de control termina convirtiéndose en una tormenta política. Ya ocurrió en 2009 con la muerte del hipopótamo Pepe, cuya imagen abatido generó indignación internacional y cambió el tono del debate público en Colombia.
Los animales más emblemáticos del legado de Pablo Escobar se convirtieron en un problema ambiental que Colombia aún no logra resolver. Mientras científicos, activistas y zoológicos discuten posibles soluciones, los hipopótamos continúan expandiéndose río abajo. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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