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Gerardo Ledezma

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Presidentes ausentes y funcionarios de lujo

De pronto el mundo amaneció con una noticia que parecía imposible hace apenas unas semanas. Donald Trump anunció que la llamada “guerra” entre Estados Unidos e Irán estaría llegando a su fin y que incluso podría firmarse un acuerdo en cuestión de días. Qué bueno. Nadie en su sano juicio puede celebrar los conflictos armados, las amenazas nucleares o la posibilidad de una escalada militar que termine costando miles de vidas.

Sin embargo, detrás de los discursos triunfalistas surge una pregunta incómoda: ¿realmente terminó el riesgo o simplemente se pausó una parte del problema? Porque mientras Washington e Irán hablan de acuerdos, poco se dice sobre el papel que seguirá jugando Israel en una de las regiones más explosivas del planeta. La historia reciente demuestra que los conflictos en Medio Oriente rara vez terminan con una conferencia de prensa o con una declaración optimista. Ahí siguen las tensiones, los intereses geopolíticos y los actores dispuestos a encender nuevamente la mecha.

Pero mientras en una parte del mundo se habla de guerras, en otra comenzó la fiesta más grande del planeta: la Copa del Mundo 2026.

Y vaya imagen la que dejó la inauguración.

Por primera vez en décadas, ninguno de los mandatarios de los tres países anfitriones apareció en el estadio para el partido inaugural. Ni Claudia Sheinbaum, ni Donald Trump, ni Mark Carney. Nadie. El Mundial arrancó sin presidentes, sin primeros ministros y sin la tradicional fotografía política que suele acompañar este tipo de eventos.

Resulta curioso. Durante años los políticos han buscado colgarse de cualquier éxito deportivo para aparecer en primera fila, levantar trofeos, entregar medallas o presumir cercanía con el pueblo. Pero cuando llegó el día más importante para los países organizadores, los asientos reservados para los líderes quedaron vacíos.

Tal vez fue prudencia. Tal vez agenda. Tal vez cálculo político. O tal vez nadie quiso exponerse a los abucheos que hoy se han convertido en parte habitual de los eventos masivos. Lo cierto, es que al líder de la FIFA se le vió solo , muy solo…y con la queja mundial de que solo lso ricos asistirán a está justa y ya no el pueblo .

Y hablando de exposiciones incómodas, hay quienes descubrieron que las cámaras pueden ser más peligrosas que una auditoría.

¿Recuerdan al funcionario morenista que apareció muy sonriente en Nueva York durante las finales de la NBA? Aquel que fue captado en zonas privilegiadas del Madison Square Garden, en lugares donde los boletos alcanzaban cifras cercanas a los 20 mil dólares por asiento. Y es más abajo de Donald Trump- que se ubicaba en un súper palco.

Pues resulta que la austeridad republicana tiene límites… especialmente cuando las fotografías comienzan a circular.

Según reveló Excélsior, Héctor Contreras Mercader presentó su renuncia al cargo que ocupaba en Quintana Roo. Oficialmente todo ocurrió por decisión propia y bajo el argumento de que asistió al encuentro deportivo en calidad de particular. Qué conveniente.

Porque el verdadero problema nunca fue ver un partido de basquetbol. El problema es que mientras millones de mexicanos hacen malabares para llegar a fin de mes, algunos servidores públicos parecen vivir en una realidad paralela donde gastar decenas de miles de dólares en una noche deportiva es algo perfectamente normal.

La imagen terminó siendo devastadora. Un funcionario de un gobierno que presume austeridad, sentado en una de las zonas más exclusivas de un recinto deportivo estadounidense, mientras en México se repiten discursos sobre sacrificios, disciplina financiera y cercanía con el pueblo.

Las fotografías hablan más que cualquier comunicado.

Y así transcurre este inicio mundialista. Con guerras que supuestamente terminan, conflictos que podrían regresar mañana, presidentes ausentes en la inauguración más importante del planeta y funcionarios que descubren demasiado tarde que las cámaras no perdonan.

Porque al final, en la política como en el futbol, el problema no es cometer errores.

El problema es que todo el estadio los vea.

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