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Gerardo Ledezma

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Entre apagones, credenciales falsas y discursos patrióticos

Mientras miles de personas llenan estadios, abarrotan el Fan Fest y celebran la llegada del Mundial a Nuevo León, en muchas colonias de la zona metropolitana la realidad ha sido muy distinta. Mientras unos cantan, festejan y disfrutan de la fiesta futbolera, otros pasan horas sin energía eléctrica en medio de temperaturas sofocantes que ponen a prueba la paciencia y la salud de las familias.

Y no, el Mundial no tiene la culpa.

La Copa del Mundo llegó para mostrar lo mejor de Monterrey y de Nuevo León. Los estadios llenos, el histórico partido número mil de los Mundiales, los conciertos multitudinarios y una ciudad convertida en escaparate internacional son motivo de orgullo. Lo preocupante es que, detrás de esa postal, siguen apareciendo problemas que no pueden esconderse bajo la alfombra de la celebración.

Los apagones son uno de ellos.

Cada vez que la energía eléctrica falla, la respuesta suele ser la misma. Algún mantenimiento, una sobrecarga, un incidente aislado o una explicación técnica que termina perdiéndose entre comunicados y declaraciones. Lo cierto es que miles de ciudadanos han reportado interrupciones del servicio, semáforos fuera de operación y afectaciones en plena ola de calor.

Incluso mientras la fiesta mundialista avanza, muchas familias enfrentan una realidad mucho menos festiva. Hay vecinos que han tenido que salir a calles y avenidas para protestar por la falta de energía eléctrica, una escena que comienza a repetirse con demasiada frecuencia y que amenaza con convertirse en una costumbre.

No obstante, parece ser que la Comisión Federal de Electricidad siempre encuentra una explicación. Lo que los ciudadanos siguen esperando es una solución.

Porque resulta difícil hablar de modernidad, movilidad e infraestructura de clase mundial cuando una parte de la población sigue preguntándose a qué hora regresará la luz.

Y si algo ha demostrado el Mundial es que donde hay grandes eventos también aparecen quienes buscan aprovecharse de ellos.

Esta semana diez personas fueron detenidas en Guadalajara por intentar ingresar a un partido utilizando acreditaciones falsas que simulaban ser oficiales de FIFA. Ocho mexicanos y dos colombianos terminararon vinculados a proceso luego de que los sistemas de control detectaran la falsificación.

No se trató de un simple descuido ni de aficionados despistados. Fue un intento deliberado de vulnerar los controles de acceso de uno de los eventos más importantes del planeta.

Los delincuentes tampoco descansan cuando rueda el balón.

Por eso los operativos de seguridad no pueden relajarse ni un solo minuto. Si alguien es capaz de fabricar acreditaciones falsas para ingresar a un estadio mundialista, también es capaz de intentar vulnerar otros sistemas. La lección es clara: la fiesta debe continuar, pero la vigilancia también.

Mientras tanto, en Colombia ocurrió algo que merece atención en toda América Latina.

Millones de ciudadanos acudieron a las urnas y decidieron cambiar el rumbo político de su país. Abelardo de la Espriella derrotó al candidato respaldado por Gustavo Petro y se convirtió en el nuevo presidente colombiano.

La elección fue cerrada, polémica y generó protestas. Hubo manifestaciones, enfrentamientos y quema de banderas estadounidenses en Cali. Sin embargo, al final prevaleció lo fundamental: los ciudadanos votaron y el resultado se respetó.

La democracia habló.

Será interesante observar las reacciones que surgirán en los próximos días desde distintos gobiernos de la región, particularmente aquellos que durante años han encontrado afinidad ideológica con la izquierda latinoamericana. Colombia tomó una decisión y ahora será la historia quien juzgue si fue la correcta o no.

Finalmente, en México continúa creciendo una discusión que cada vez resulta más incómoda para el oficialismo.

La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, decidió poner sobre la mesa una pregunta que muchos prefieren evitar: ¿qué debe hacer el Estado mexicano cuando autoridades estadounidenses señalan a funcionarios o gobernantes por presuntos vínculos con el crimen organizado?

Su exigencia de que los casos se investiguen y se esclarezcan provocó una inmediata reacción desde Morena. La respuesta fue predecible: acusaciones de intervencionismo, señalamientos políticos y el recurso habitual de convertir cualquier cuestionamiento en un supuesto ataque a la soberanía nacional.

Pero la soberanía no puede ser un refugio para la impunidad.

Mucho menos cuando existen investigaciones abiertas, acusaciones formales y órdenes judiciales que siguen generando dudas dentro y fuera del país.

Defender la patria nunca debería significar defender a quienes son señalados de traicionarla.

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