
Del poder sin límites al silencio en la televisión y el nuevo rostro del ICE…y un pato
Hay políticos que llegan al poder prometiendo combatir los abusos del pasado… y terminan enamorándose de las mismas herramientas que alguna vez criticaron. La historia latinoamericana está llena de ejemplos y, por lo visto, El Salvador no quiere quedarse fuera de esa lista.
Nayib Bukele construyó buena parte de su popularidad enfrentando a las viejas élites, denunciando a los gobiernos autoritarios y presentándose como el hombre que devolvería la democracia y la seguridad a su país. Sin embargo, el tiempo parece haber cambiado el discurso por la permanencia.
Ahora, con una reforma constitucional que abrió la puerta a la reelección indefinida, el mandatario ya levantó la mano para buscar un nuevo mandato en 2027. La pregunta no es si puede hacerlo, porque legalmente hoy tiene el camino despejado. La verdadera interrogante es si un gobernante que puede reelegirse una y otra vez sigue siendo un demócrata… o comienza a parecerse demasiado a aquello que decía combatir.
El poder tiene una curiosa costumbre: entre más tiempo se permanece en él, más difícil resulta encontrar la salida. Y cuando las leyes empiezan a modificarse para acomodarse a una sola persona, la historia suele prender focos amarillos.
Mientras tanto, en Corea del Norte ocurrió algo que, por extraño que parezca, despertó la imaginación de muchos. Bastó con que al capitán de la selección nacional le “bajaran el switch” de la televisión oficial para que prácticamente desapareciera de la pantalla.
Vaya capacidad para borrar a alguien de la escena pública.
Más de uno en México seguramente sonrió al enterarse. No porque admire ese tipo de regímenes, sino porque imaginó, aunque fuera por unos segundos, cómo sería tener un control remoto capaz de desaparecer de la pantalla a ciertos personajes que llevan años monopolizando el futbol nacional.
¿Se imagina usted un botón que hiciera desaparecer las eternas justificaciones después de cada fracaso mundialista? ¿O que evitara escuchar, torneo tras torneo, que “se jugó como nunca y se perdió como siempre”?
Porque, siendo sinceros, si ese control remoto existiera desde hace tiempo, quizá varios fantasmas futbolísticos ya no aparecerían cada cuatro años. ¿Verdad, Javier Aguirre?
Y del otro lado de la frontera, Donald Trump volvió a mover una de las piezas más sensibles de su gobierno al anunciar a Lance Schroyer como nuevo director del ICE.
A diferencia de otros rostros que encabezaron la política migratoria estadounidense y que terminaron convertidos en símbolo de redadas mediáticas, conferencias incendiarias y confrontación permanente, Schroyer llega con fama de operador discreto, exmarine y expolicía de carrera.
Pero conviene no confundir bajo perfil con cambios de fondo.
La política migratoria de Trump no cambia porque cambie el director. Cambian los nombres, no necesariamente las instrucciones. ICE seguirá haciendo exactamente aquello para lo que fue concebido dentro de esta administración: localizar, detener y deportar a migrantes en situación irregular.
Quizá ya no veamos tantos reflectores ni declaraciones estridentes. Tal vez ahora el trabajo se haga con menos cámaras y más expedientes. Pero para miles de familias migrantes, el uniforme seguirá representando exactamente lo mismo.
Y para cerrar con una nota menos solemne, resulta que el “modo party” del gobernador Samuel García llegó hasta la sala de su casa. Ayer recibió al ya famoso pato Merlín, el emplumado que se ha convertido en toda una celebridad durante el Mundial. No sabemos si fue una estrategia de promoción turística, una visita de cortesía o simplemente una convivencia familiar, pero lo cierto es que quienes más disfrutaron el momento fueron sus pequeñas hijas, fascinadas con el simpático cuac-cuac. Merlín sigue acumulando kilómetros y reflectores: primero apareció en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, después recibió de manos de Marcelo Ebrard el certificado oficial de su nombre y ahora hizo escala en Monterrey. A este paso, no descarte usted que el pato termine siendo uno de los personajes más fotografiados del Mundial… y quizá hasta el único que sale bien librado de la política.





