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Vacaciones de verano: cuando las pantallas le ganan terreno al juego

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Las vacaciones de verano llegaron con la promesa de descanso, diversión y más tiempo en familia. Sin embargo, para miles de hogares también representan un nuevo reto: evitar que celulares, tabletas, videojuegos y redes sociales terminen ocupando la mayor parte del día de niñas, niños y adolescentes.

La escena se repite cada año. Sin la rutina escolar y con menos actividades programadas, el tiempo frente a las pantallas suele incrementarse de forma considerable, desplazando espacios destinados al juego, la actividad física y la convivencia, elementos fundamentales para el desarrollo infantil.

Los datos respaldan esa tendencia. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cerca de la mitad de los adolescentes de 15 años dedica más de 30 horas semanales al uso de dispositivos digitales para actividades de aprendizaje y entretenimiento, una cifra que durante el periodo vacacional puede aumentar debido al mayor tiempo libre.

Lejos de satanizar la tecnología, especialistas coinciden en que el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio. Las herramientas digitales también representan una oportunidad para aprender, desarrollar nuevas habilidades y estimular la creatividad cuando su uso es supervisado y no sustituye otras experiencias propias de la infancia.

La misma OCDE estima que el 84 por ciento de los adolescentes utiliza plataformas digitales para aprender fuera del aula mediante tutoriales, aplicaciones educativas y otros contenidos especializados, lo que demuestra que el problema no radica en las pantallas, sino en el tiempo y la forma en que se utilizan.

En contraste, cuando los dispositivos monopolizan el tiempo libre, el juego espontáneo comienza a desaparecer. Y con él también se reducen oportunidades para fortalecer la creatividad, desarrollar habilidades sociales, aprender a resolver conflictos, tolerar la frustración y construir relaciones con otros niños.

Especialistas en desarrollo infantil recuerdan que jugar no sólo significa entretenerse. Es una actividad que favorece el aprendizaje, fortalece la autoestima, estimula la imaginación y contribuye al desarrollo físico y emocional desde los primeros años de vida.

Recuperar esos espacios no implica realizar grandes inversiones ni llenar la agenda de actividades. Cocinar en familia, organizar juegos de mesa, leer un libro, salir al parque, practicar algún deporte o simplemente crear dinámicas dentro del hogar pueden convertirse en alternativas que ayuden a reducir el tiempo frente a las pantallas y fortalezcan la convivencia.

Más allá de imponer prohibiciones, las vacaciones representan una oportunidad para que madres, padres y cuidadores construyan nuevas experiencias junto a sus hijos. La meta no es eliminar la tecnología, sino evitar que ocupe el lugar de actividades que difícilmente podrán sustituirse con un dispositivo electrónico.

Al final del verano, los recuerdos que permanecen no suelen estar dentro de un teléfono celular. Permanecen en las tardes de juego, las conversaciones familiares, las aventuras compartidas y en aquellas experiencias que ayudan a niñas y niños a descubrir el mundo mucho más allá de una pantalla.

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