
¡Milagro en el IFE Cristiano y la fiesta del hueso!
Misa sonidera en la cúpula de la democracia. El micrófono chilla. Retumba la bocina en la avenida Juárez. Ramón Rojo, el mero mero del Sonido La Changa, ajusta los ecualizadores entre humo de goma quemada, olor a sudor barato y garnachas aceitosas.
“¡Saludazos para toda la banda de Tepito, Neza, Chalco y los nuevos padrecitos de la política nacional! ¡Arriba la feligresía votante, los pastores con fuero y la gente sin trabajo!”
Sonó el eco metalizado. Así arrancó el carnaval de la fe electoral. Dos agrupaciones consiguieron su registro oficial ante la autoridad electoral. Ambas burocracias celestiales lograron la venia institucional tras certificar miles de firmas, asambleas abarrotadas y milagros administrativos. Las arcas públicas soltarán millones de pesos para financiar el evangelio del voto.
La resurrección del presupuesto público.
Ahí están las cifras frías, sanguinarias, escritas con tinta roja sobre el papel del Instituto Electoral. Millones de ciudadanos regalaron su credencial de elector buscando el perdón de sus pecados capitales. A cambio, los nuevos líderes espirituales consiguieron franquicias políticas financiada por la ciudadanía.
El negocio perfecto existe. Un templo común cobra diezmo; una franquicia partidista cobra prerrogativas del erario. Genios de la fe urbana. Los registros aprobados garantizan acceso a prerrogativas mensuales, pautas televisivas e inmunidad parlamentaria. Los mesías de corbata italiana predican austeridad con camionetas blindadas aparcadas frente al altar de la Patria.
“¡Atención, raza! Un saludo especial al pastor convertido en diputado, a la comadre rezandera y al candidato con aroma a santidad…” —grita La Changa mientras suenan las congas de la cumbia matancera.
Fe, pecado y candidaturas en liquidación.
La política mexicana muestra su cara más devota. El Estado laico agoniza en una fosa común. Los líderes partidistas ofrecen salvación eterna a cambio de un tache en la boleta. Mártires del presupuesto nacional. Prometen erradicar la corrupción usando agua bendita, veladoras rojas y discursos moralinos redactados en la trastienda de una sacristía.
Somos México y el Partido PAZ. Un partido alardea valores familiares tradicionales. El otro promete paz social mediante oraciones masivas en plazas públicas. Los programas de gobierno parecen catecismos redactados por burócratas sin imaginación. La ciudadanía, sedienta de milagros económicas, entrega sus datos personales esperando milagros financieros.
Felicidad garantizada: Oración obligatoria previa al cobro de impuestos.
Perdón de deudas: Dispensado únicamente mediante el voto en la urna.
Salvación eterna: Asegurada para quienes defiendan los viáticos de la directiva.
El baile de las boletas y los milagros dudosos
El Sonido La Changa no frena su ritmo marchoso. La cumbia suena estridente. Los feligreses bailan entre lonas impresas con rostros sonrientes de candidatos victoriosos.
“¡Saluditos para la raza del INE, para los consejeros con sueldos millonarios y para la feligresía encendida de pasión patria!”
El sensacionalismo reina en las calles. La prensa vende portadas sangrientas: ¡Aparece la cara de un candidato en una tortilla caliente! ¡Cometen fraude milagroso en la recolección de firmas! Nadie cuestiona nada. La masa enferma de fe consumista prefiere la fantasía celestial al desempleo cotidiano.
Los dos nuevos partidos nacionales operan con precisión contable. Las asambleas distritales registraron acarreados llevados mediante promesas de despensas, bendiciones especiales y refrescos tibios. Bautismos colectivos a cambio de una firma estampada en la lista oficial. La democracia mexicana convertida en una kermés de pueblo.
La comunión del cinismo institucional. Los pastores convertidos en políticos profesionales caminan con biblias bajo el brazo y contratos debajo del saco. Exigen purificar la nación, pero cobran cheques provenientes de los mismos impuestos pagados por el pueblo pecador.
El cinismo alcanza niveles celestiales. ¿Separación Iglesia-Estado? Un mito olvidado en los libros de historia escolar. Hoy los púlpitos funcionan como casas de campaña; los sermones dominicales imitan mítines electorales. La multitud aplaude maravillada el milagro de la multiplicación de los viáticos.
Entradas: Gratis. Firmas requeridas: Cientos de miles. Ganancias estimadas: Prerrogativas millonarias pagadas con el lomo del trabajador. Saludos finales desde la bocina sonidera
La noche cae sobre la metrópoli convulsa. Los faroles iluminan los carteles de propaganda pegados sobre postes de luz. Sonido La Changa despide la tocada electoral con un trueno de bajos estremeciendo el pavimento.
“¡Un saludo final para la clase política, para los ladrones de cuello blanco, para los pecadores de la boleta y para el pueblo bueno aguantando la risa!”
Dos nuevos partidos políticos caminan hacia el recinto legislativo. Llevan la bendición divina, el aval burocrático y el dinero de la nación en sus bolsillos. El circo democrático abre sus puertas a nuevos payasos vestidos de sotana. La función apenas comienza; el espectáculo promete sangre, risas y milagros presupuestales.




