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Ramón González Gómez se despide de la Orquesta Sinfónica de la UANL tras 48 años de entrega a la música

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Hay despedidas que no marcan un final, sino el cierre de una vida dedicada con pasión, disciplina y amor al arte. Así ocurrió con el violinista Ramón González Gómez, quien, después de 48 años como integrante de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (OSUANL), ofreció su última presentación entre una prolongada ovación y un emotivo homenaje que conmovió al público reunido en la Arena Monterrey.

Detrás de ese momento lleno de aplausos existe una historia que comenzó en la infancia. Sus primeros pasos en la música fueron en una estudiantina durante la escuela primaria, donde aprendió de manera autodidacta a tocar la guitarra. Sin imaginar que ese sería el inicio de un camino que definiría su vida, años más tarde ingresó a la entonces Escuela de Música de la UANL, en el centro de Monterrey, donde descubrió la vocación que lo acompañaría durante casi cinco décadas.

Aunque inicialmente exploró distintos instrumentos, el sonido del violín terminó por conquistar su corazón. Fue uno de sus maestros quien descubrió el interés con el que escuchaba cada ensayo y lo animó a conocer ese instrumento que terminaría convirtiéndose en una extensión de su propia vida.

“Yo escuchaba un sonido tan bonito de los violines y les ponía tanta atención que uno de mis maestros lo notó y me invitó a conocer este maravilloso instrumento. Entonces mi hermano me consiguió un violín, estuche, arco, todo y empecé ya a estudiar de lleno y me gustó tanto que le seguí”, recordó González Gómez.

El destino terminó de tomar forma cuando, siendo apenas un adolescente, recibió el respaldo del maestro Armando Belmares, quien lo impulsó para integrarse a la Orquesta Sinfónica de la UANL. Aquel joven de apenas 15 años comenzó a ensayar con la agrupación y, el 1 de abril de 1978, recibió oficialmente su nombramiento como integrante de la orquesta, una noticia que, asegura, cambió para siempre su vida.

Desde entonces, Ramón González dedicó 48 años ininterrumpidos a la máxima agrupación musical de la Universidad. Como integrante de la sección de segundos violines participó bajo la batuta de siete directores artísticos y llevó el nombre de la UANL a algunos de los escenarios más importantes del país, como el Palacio de Bellas Artes, la Sala Nezahualcóyotl, el Festival Internacional Cervantino, el Teatro Universitario, el Aula Magna del Colegio Civil Centro Cultural Universitario y la propia Arena Monterrey.

Su trayectoria también le permitió compartir escenario con figuras de talla internacional como Plácido Domingo, José Carreras, Javier Camarena, Guadalupe Pineda, Alejandro Fernández y Fernando de la Mora. Además, como integrante de agrupaciones de mariachi, acompañó a grandes leyendas de la música mexicana como Luis Miguel, Lola Beltrán y Lucha Villa, experiencias que recuerda con enorme orgullo.

A sus 65 años, el violinista asegura que el mayor aprendizaje que le dejó la música no fue únicamente la técnica, sino los valores que acompañan a un verdadero artista: la disciplina, la puntualidad, el respeto por los compañeros y, sobre todo, el compromiso con el público.

“Me siento muy orgulloso de pertenecer a este ensamble de la Máxima Casa de Estudios. Cada concierto representa una experiencia nueva, pero lo más importante siempre ha sido ser disciplinado y ofrecerle al público el mejor espectáculo posible. Como decía mi maestro, hay que tener nervios, pero nervios sabrosos, de esos que nos llenan de emoción y alegría”, expresó.

El pasado 9 de julio, tras concluir la interpretación de Carmina Burana en la Arena Monterrey, el director artístico de la Orquesta Sinfónica de la UANL, Eduardo Diazmuñoz, entregó un reconocimiento especial a Ramón González Gómez por sus casi cinco décadas de entrega, profesionalismo y amor por la institución, en una ceremonia que provocó la emoción tanto de sus compañeros como de los asistentes.

Casado con Elvira Platas, padre de tres hijos y abuelo de dos nietos, Ramón se despide de los escenarios con la satisfacción de haber encontrado en la música una forma de vida y de haber dejado una huella imborrable en generaciones de músicos universitarios.

“Fue una sorpresa que no me esperaba. Gracias a Dios, a mi familia por todo su apoyo, a mi hermano Arturo, que me motivó desde el principio, y al maestro Eduardo Diazmuñoz. No tengo palabras para agradecer todo lo que la Orquesta Sinfónica de la Universidad ha significado para mi vida”, concluyó visiblemente emocionado.

Con la salida de Ramón González Gómez termina una brillante etapa dentro de la Orquesta Sinfónica de la UANL, pero permanece el legado de un músico que durante casi medio siglo convirtió cada concierto en una muestra de entrega, sensibilidad y amor por el arte, valores que seguirán inspirando a las nuevas generaciones de universitarios y músicos mexicanos.

eitmedia.mx