
Quito.- El cambio climático ya comienza a alterar las condiciones de las playas donde anidan las tortugas marinas verdes (Chelonia mydas) en las Islas Galápagos, en Ecuador, un proceso que podría reducir su éxito reproductivo y comprometer el futuro de una de las poblaciones más importantes del Pacífico Este Tropical.
“El calentamiento global asociado al cambio climático está generando la feminización de varias poblaciones de tortugas marinas a nivel global”, dijo a la agencia Sputnik la jefa del proyecto de investigación de las tortugas marinas verdes de la Fundación Charles Darwin (FCD), Macarena Parra.
La investigadora explicó que el incremento de la temperatura de la arena modifica tanto el desarrollo de los embriones como la proporción de machos y hembras que nacen en cada temporada, porque si bien pasan la mayor parte de su vida en el océano, dependen de las playas para reproducirse.
“El cambio climático puede afectarlas tanto en el ambiente marino, donde se alimentan y crecen, como en las playas de anidación”, agregó.
Además del alza de temperatura, la intensificación de lluvias, tormentas y marejadas aumenta el riesgo de inundar los nidos y acelera la erosión de las playas. Estas alteraciones modifican la Costa, dejando los huevos expuestos o sepultándolos bajo arena, lo que dificulta el desarrollo embrionario.
“El aumento de la temperatura de la arena, la intensificación de las lluvias, las marejadas y la erosión de las playas pueden afectar directamente la proporción sexual y el éxito reproductivo de las tortugas, reduciendo la supervivencia de los embriones y modificando las condiciones de las playas donde anidan”, señaló.
Según Parra, en la temporada 2025-2026 la playa superó los 32 °C y tuvo menos lluvias que enfríen la arena, condiciones que coinciden con el calentamiento previo al fenómeno de El Niño 2026-2027.
Por su parte, la directora de Ciencias de la FCD, María José Barragán, señaló en entrevista con la Agencia Sputnik que el cambio climático constituye una amenaza creciente para la especie, aunque pidió cautela al momento de establecer el peso específico de cada factor de riesgo.
“Sabemos que las poblaciones de tortugas marinas están amenazadas por diferentes formas de amenaza, tanto antropogénicas como naturales, a corto y largo plazo”, apuntó.
Barragán explicó que aún no existe evidencia suficiente para determinar cuál de esas amenazas representa el mayor riesgo para la supervivencia de la especie, aunque consideró indispensable ampliar las investigaciones para orientar las estrategias de conservación.
Galápagos alberga una de las poblaciones reproductivas de la tortuga verde más importantes del Pacífico Tropical Oriental.
Parra señaló que en las playas actúan depredadores naturales como fragatas, guaques y garzas, que atrapan a las crías en su camino al mar, junto a especies más pequeñas como cangrejos, escarabajos y larvas de mosca, que penetran la cámara de incubación para consumir huevos y embriones.
“En playas remotas como Quinta Playa hemos registrado cerdos y gatos ferales alimentándose tanto de huevos en desarrollo como de neonatos que emergen de los nidos. En playas cercanas a los centros poblados también se suma la presencia de perros domésticos o asilvestrados, que pueden excavar y destruir nidos completos”, apuntó.
Las amenazas están no solo en las playas de anidación, sino en zonas de alimentación distribuidas por todo el archipiélago, lo cual genera interacciones cada vez más frecuentes entre esta especie y las personas.
TRÁFICO MARÍTIMO Y TURISMO
Uno de los principales riesgos que monitorean los investigadores es el aumento del tráfico de embarcaciones de turismo, responsable de lesiones de más del 19 por ciento en zonas de alimentación cercanas a puertos y un 12 por ciento ocurre en playas de anidación con alta presencia humana, señala un informe de la FCD.
“Estamos trabajando en entender cambios derivados de amenazas a corto plazo, como la colisión con embarcaciones en las rutas que ellas utilizan entre zonas de anidación y zonas de alimentación”, explicó Barragán.
“Esta superposición entre hábitats críticos y rutas de navegación aumenta el riesgo de colisiones con embarcaciones, no sólo para las tortugas marinas, sino también para otras especies de fauna marina”, apuntó Parra.
Un estudio realizado en Tortuga Bay arrojó que las tortugas modificaban su distribución dentro de la bahía en presencia de actividades humanas, como el kayak, el ingreso de embarcaciones para transportar pasajeros y de los bañistas.
“Es decir, las tortugas no abandonan el sitio, pero sí cambian la forma en que utilizan su hábitat para evitar estas perturbaciones”, anotó la jefa del proyecto.
Los investigadores observan alteraciones en las playas donde las hembras depositan sus huevos, a causa de la intensidad del oleaje, lo cual trae consigo la erosión e inundaciones.
“Si usted tiene una playa donde la tortuga normalmente deja sus nidos, pero ese nido después es arrastrado con una corriente mayor, significa que hay una afectación física a la zona de anidación”, indicó.
Barragán mostró cautela respecto a un eventual impacto del fenómeno natural El Niño en la próxima temporada, pero reconoció que el aumento de la temperatura del mar podría reducir la disponibilidad de alimento y modificar las condiciones de las playas de anidación.
“El aumento de la temperatura de la arena, la intensificación de las lluvias, las marejadas y la erosión de las playas pueden afectar directamente la proporción sexual y el éxito reproductivo de las tortugas, reduciendo la supervivencia de los embriones y modificando las condiciones de las playas donde anidan”, anotó Parra.
En caso de que el evento alcance una intensidad moderada o fuerte durante la temporada de anidación 2026-2027, podrían observarse temperaturas de incubación más altas y una mayor alteración de la dinámica de las playas por el incremento de la energía del oleaje y de las mareas.
“Esto podría traducirse en una mayor producción de hembras, pero también en un mayor riesgo de mortalidad para los embriones y en una mayor pérdida de nidos por inundación y erosión”; anotó.
CIENCIA PARA CONSERVAR
La Fundación Charles Darwin estudia desde hace más de dos décadas esta especie, en particular en identificar playas de anidación y rutas migratorias y en evaluar el impacto del tráfico marítimo, la actividad turística y los efectos del cambio climático.
“Ese es justamente el objetivo de nuestro trabajo: generar información científica que nos permita entender cómo una de las poblaciones de tortuga verde más importantes del Pacífico Este Tropical está respondiendo al cambio climático y entregar herramientas para tomar decisiones de conservación antes de que estos impactos sean aún mayores”, señaló Parra.
La especie anida en más de un centenar de playas del archipiélago, pero la Quinta Playa, en el sur de Isabela, concentra una de las mayores actividades reproductivas, con entre 2.000 y 3.000 nidos cada año.
“Las hembras salen a desovar de noche. Entonces, este es un trabajo que requiere compromiso y esfuerzo”, relató Barragán.
Las hembras recorren miles de kilómetros para anidar en las mismas playas donde nacieron, una fidelidad reproductiva que las hace muy vulnerables a cualquier alteración del ecosistema.
En la temporada reproductiva, investigadores, asistentes y voluntarios recorren las playas de noche y madrugada para ubicar nidos, registrar el comportamiento de las hembras y recabar datos.
En la última campaña, el equipo monitoreó 126 nidos, colocó 118 sensores de temperatura junto a los huevos y realizó sobrevuelos mensuales con drones para evaluar erosión, riesgo de inundación y hábitat futuro.
“También instalamos pluviómetros digitales para medir la lluvia durante toda la temporada de anidación (diciembre a mayo) y realizamos vuelos periódicos con drones para generar modelos tridimensionales de la playa y evaluar cómo cambia su morfología a lo largo del tiempo. De esta forma podemos relacionar las condiciones ambientales con el éxito reproductivo de los nidos y entender cómo las tortugas están respondiendo al cambio climático”, indicó Parra.
Recientemente, la UICN cambió el estado de conservación global de la especie de “En peligro” a “Preocupación menor”; sin embargo, la subpoblación del Pacífico Este Tropical, a la que pertenecen las tortugas verdes de Galápagos, sigue clasificada como “Vulnerable”.
Parra enfatizó que la conservación exige un trabajo conjunto con el Parque Nacional Galápagos para aportar insumos técnicos, impulsar la educación y sostener monitoreos a largo plazo que permitan diseñar medidas de mitigación para proteger los nidos.
“(…) Nos permiten detectar cambios en las tendencias poblacionales y evaluar cómo responden las tortugas a estas amenazas. Además, tecnologías como los drones nos ayudan a monitorear la morfología de las playas e identificar sectores con mayor riesgo de erosión o inundación”, agregó Parra.
Por su parte, Barragán sostuvo que proteger esta especie trasciende lo biológico: conservar a las tortugas implica cuidar los ecosistemas marinos y el turismo de naturaleza del que dependen. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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