
Las estafas telefónicas que utilizan voces clonadas mediante inteligencia artificial dejaron de ser una amenaza poco frecuente. Con herramientas cada vez más accesibles, los delincuentes pueden generar imitaciones convincentes de una persona a partir de unos cuantos segundos de audio y utilizarlas para presionar a sus víctimas.
Ante este escenario, ESET recomienda una medida sencilla que puede convertirse en una barrera efectiva: establecer previamente una palabra o frase de seguridad entre los integrantes de una familia.
El mecanismo es simple. Si alguien recibe una llamada en la que supuestamente un familiar se encuentra en peligro, puede solicitar la palabra acordada. Al tratarse de un dato que no debería estar disponible públicamente, la incapacidad para responder puede ser una señal de alerta.
La recomendación cobra relevancia frente al crecimiento de las llamadas fraudulentas realizadas con voces generadas por IA. Un informe de Hiya, publicado en marzo, señala que una de cada cuatro personas en Estados Unidos aseguró haber recibido durante los 12 meses anteriores una llamada en la que se utilizó una voz deepfake. Otro 24 por ciento reconoció que no podría identificar si una voz había sido clonada.
Una de las modalidades que más aprovecha esta tecnología es el llamado “secuestro virtual”. El delincuente contacta a familiares y utiliza una voz artificial para hacerles creer que un ser querido fue privado de la libertad y exige dinero para supuestamente dejarlo en libertad.
La información disponible en redes sociales puede ayudar a los estafadores a construir una historia más creíble. Fotografías, nombres de familiares, viajes o actividades publicadas en internet pueden proporcionar elementos para elegir el momento de la llamada y darle mayor realismo al engaño.
Además, los delincuentes no necesariamente necesitan mantener durante mucho tiempo la conversación con la víctima. Unos segundos de una voz clonada, acompañados de llanto, ruido ambiental o una situación deliberadamente caótica, pueden ser suficientes para provocar una reacción impulsiva.
Por ello, Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, recomienda que la palabra de seguridad sea fácil de recordar, pero difícil de obtener mediante información pública.
La clave es evitar datos evidentes, como el nombre de una mascota, un equipo deportivo favorito o cualquier otro elemento que pueda encontrarse revisando perfiles sociales.
El protocolo familiar también debe contemplar qué hacer si alguien olvida la palabra. Una alternativa es terminar la llamada y comunicarse posteriormente con el supuesto familiar utilizando el número que ya se encuentra registrado en el teléfono.
También puede recurrirse a un grupo familiar de mensajería para comprobar rápidamente si existe una emergencia real. Otra posibilidad consiste en formular una pregunta cuya respuesta únicamente conozcan los integrantes de la familia y que no pueda encontrarse mediante una búsqueda en internet.
ESET también recomienda no enviar dinero ni proporcionar información personal cuando una llamada genere sospechas, aunque la voz y la historia parezcan auténticas.
Si una persona ya cayó en una estafa de este tipo, debe cortar inmediatamente la comunicación con el delincuente, contactar a su institución bancaria para informar sobre la transferencia y preguntar si existe alguna posibilidad de detener o recuperar los recursos.
También es recomendable cambiar las contraseñas que pudieran haber quedado expuestas, activar la autenticación de dos factores y utilizar claves únicas y robustas. Finalmente, se debe conservar la evidencia disponible, incluidos números telefónicos, mensajes y grabaciones, y presentar la denuncia ante las autoridades correspondientes.
En una época en la que distinguir entre una voz real y una generada artificialmente puede resultar cada vez más difícil, una palabra acordada previamente puede convertirse en una herramienta sencilla para poner a prueba una llamada antes de tomar una decisión bajo presión.
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