
El aumento de adolescentes varones que permanecen desaparecidos en México está mostrando un patrón que, de acuerdo con el análisis del investigador Jorge Ramírez Plascencia, podría estar relacionado con la creciente necesidad de reclutamiento de los grupos criminales.
El especialista de la Universidad de Guadalajara ha seguido durante los últimos años la evolución de las desapariciones mediante el análisis de registros oficiales y, en su trabajo más reciente, puso el foco en un grupo particularmente vulnerable: adolescentes varones de entre 12 y 17 años.
A partir de los datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), Ramírez Plascencia identificó que durante 2024 y 2025 permanecían sin localizar mil 288 adolescentes de ese rango de edad.
Al comparar ese comportamiento con el registrado durante los dos años anteriores, el investigador calculó que se habrían esperado alrededor de 905 casos. La diferencia es de aproximadamente 383 adolescentes.
El dato no significa que esos 383 casos correspondan de manera comprobada a víctimas de reclutamiento forzado. El planteamiento del investigador es que ese exceso resulta compatible con la hipótesis de que el reclutamiento de adolescentes por parte de organizaciones criminales está contribuyendo al incremento de las desapariciones.
La diferencia es relevante porque permite observar el fenómeno más allá de los casos que llegan a las noticias o que son denunciados públicamente.
Sinaloa aparece como una pieza del fenómeno
El análisis más reciente incorpora además un elemento que ha cobrado fuerza en los últimos meses: la disputa entre grupos criminales en Sinaloa y su posible efecto en el reclutamiento de adolescentes en otras entidades.
De acuerdo con Ramírez Plascencia, los registros muestran que en Sinaloa los casos de adolescentes de 12 a 17 años que permanecían sin localizar pasaron de 33 durante el periodo de 2022-2023 a 80 durante 2024-2025.
En Jalisco, el comportamiento también mostró un incremento, al pasar de 21 a 58 casos en esos mismos periodos. Otros aumentos fueron identificados en entidades como Baja California, Guanajuato, Sonora, Quintana Roo, Michoacán y Nayarit.
El investigador plantea que la violencia derivada de la disputa criminal en Sinaloa puede estar generando una demanda adicional de integrantes para los grupos que participan en los enfrentamientos.
Bajo esa hipótesis, adolescentes de otros estados podrían estar siendo captados, trasladados o utilizados en zonas distintas a aquellas donde fueron vistos por última vez.
Pero existe una dificultad fundamental: las cifras de desaparición solamente muestran una parte del fenómeno.
Hay adolescentes que pueden ser reclutados y nunca ser reportados como desaparecidos. También existen casos en los que las familias reciben información engañosa sobre el supuesto paradero de la víctima o son presionadas para no presentar una denuncia.
El falso empleo como mecanismo de captación
El reclutamiento mediante falsas ofertas de trabajo se ha convertido en uno de los patrones que distintas investigaciones han documentado en Jalisco.
En su trabajo previo sobre la desaparición de jóvenes, Ramírez Plascencia describió cómo algunas privaciones de la libertad pueden ser presentadas ante las familias como supuestos empleos temporales, particularmente en actividades relacionadas con construcción o mantenimiento.
La estrategia puede incluir promesas de salarios elevados, hospedaje, alimentación o capacitación, lo que dificulta que las familias identifiquen desde el principio que se encuentran ante un posible caso de reclutamiento criminal.
La Universidad de Guadalajara también ha documentado el fenómeno a través de su Comité Universitario de Análisis en materia de Desaparición de Personas.
La institución ha advertido que una parte de las desapariciones de jóvenes puede estar relacionada con mecanismos de captación mediante falsas ofertas laborales, mientras que colectivos de búsqueda han señalado casos en los que las víctimas fueron trasladadas a otros estados.
Esto genera un problema adicional para las estadísticas: cuando una persona es reclutada pero no existe una denuncia formal de desaparición, el caso puede quedar fuera de los registros utilizados para dimensionar la crisis.
El patrón ya había aparecido entre jóvenes de 15 a 19 años
El trabajo actual de Ramírez Plascencia es la continuación de una investigación que anteriormente había concentrado su atención en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 19 años.
En ese análisis encontró que durante 2024 se habían incorporado 638 casos nuevos de personas de ese grupo de edad que permanecían desaparecidas o no localizadas, un incremento que no se presentó con la misma magnitud en los demás grupos de edad.
El análisis de la Universidad de Guadalajara había detectado particularmente en Jalisco un crecimiento de las desapariciones de jóvenes y planteado el reclutamiento forzado como una de las posibles explicaciones.
Sin embargo, Ramírez Plascencia también ha señalado una precaución importante: las cifras no permiten atribuir automáticamente cada desaparición al crimen organizado.
Las desapariciones tienen múltiples causas y, para establecer una relación con el reclutamiento, es necesario analizar las circunstancias particulares de cada caso y el contexto de cada entidad.
Jalisco, uno de los principales focos de atención
Jalisco ocupa un lugar central en los estudios del investigador.
Ramírez Plascencia ha participado desde la Universidad de Guadalajara en investigaciones sobre la distribución territorial de las desapariciones y las inconsistencias existentes entre distintos registros.
Un trabajo realizado junto con René Ramírez Plascencia analizó 6 mil 419 cédulas oficiales de búsqueda correspondientes al Área Metropolitana de Guadalajara y permitió identificar concentraciones de casos en colonias como Hacienda Santa Fe, en Tlajomulco; la zona de la Nueva Central Camionera, en San Pedro Tlaquepaque, y Miramar, en Zapopan.
La Nueva Central Camionera ha sido señalada en investigaciones y reportes periodísticos como uno de los puntos donde se han registrado casos de desaparición vinculados con posibles procesos de reclutamiento.
El análisis territorial también ayuda a mostrar otra de las dificultades del fenómeno: el lugar donde una persona fue vista por última vez no necesariamente corresponde al sitio donde ocurrió la desaparición.
Por ello, los mapas y registros deben utilizarse como herramientas para identificar patrones, pero no como una explicación automática de cada caso.
Una investigación que también ha cuestionado las cifras oficiales
Una de las características del trabajo de Jorge Ramírez Plascencia ha sido precisamente revisar cómo se construyen las cifras con las que México intenta medir las desapariciones.
Desde hace varios años ha señalado inconsistencias y modificaciones en los registros oficiales.
La propia Universidad de Guadalajara documentó, por ejemplo, que Ramírez Plascencia cuestionó las variaciones registradas en el RNPDNO y la dificultad para establecer con precisión cuántas personas permanecían desaparecidas.
Su trabajo ha abordado también la forma en que las autoridades actualizan los registros, la diferencia entre personas desaparecidas y localizadas, los casos que dejan de aparecer en determinadas bases y las dificultades para construir una estadística confiable.
Ese seguimiento resulta particularmente importante cuando se habla de reclutamiento criminal, porque una parte del fenómeno puede permanecer fuera de las cifras oficiales.
La pregunta que dejan los datos
El hallazgo de los aproximadamente 383 casos por encima de lo esperado no permite afirmar que todos esos adolescentes hayan sido reclutados por grupos criminales.
Lo que sí plantea el análisis es una señal estadística que merece ser investigada.
La coincidencia entre el incremento de desapariciones de adolescentes varones, determinados territorios con presencia de organizaciones criminales y el aumento de denuncias relacionadas con posibles mecanismos de reclutamiento abre una línea de investigación que requiere información más detallada.
También obliga a mirar más allá del número de desapariciones denunciadas.
Un adolescente que es captado mediante una falsa oferta de empleo, trasladado a otra entidad y obligado a incorporarse a una estructura criminal puede terminar registrado simplemente como una persona desaparecida.
Y si nunca existe una denuncia, puede ni siquiera aparecer en esa estadística.
Ese es uno de los principales aportes del trabajo de Ramírez Plascencia: utilizar los registros disponibles no solamente para contar desaparecidos, sino para buscar patrones que permitan entender qué puede estar detrás del crecimiento de determinados grupos de edad.
Jorge Ramírez Plascencia y su trabajo desde la UdeG
Jorge Ramírez Plascencia es profesor investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, jefe del Departamento de Sociología y elemento fundador del Comité Universitario de Análisis en materia de Desaparición de Personas.
Su participación en el estudio de las desapariciones no es reciente. Desde la UdeG ha trabajado en el análisis de los registros, la evolución de los casos, las dificultades institucionales para atenderlos y la construcción de herramientas que permitan comprender territorial y estadísticamente el fenómeno.
También ha participado en documentos y análisis colectivos de la Universidad de Guadalajara sobre desaparición de personas, incluidos trabajos que han abordado la necesidad de mejorar las estrategias de búsqueda y la participación de las familias.
Su trayectoria incluye además investigaciones sobre casos concretos de desaparición y posibles mecanismos de captación. En uno de sus trabajos más recientes reconstruyó el caso de un joven desaparecido bajo la promesa de un empleo, utilizando el testimonio de familiares para mostrar cómo operan estos mecanismos y las dificultades posteriores para conocer el destino de las víctimas.
La relevancia de su trabajo radica, en buena medida, en insistir en una cuestión que permanece abierta: detrás de cada cifra de desaparición existe una historia y, en algunos casos, un patrón criminal que solamente puede observarse cuando los registros se cruzan, se comparan y se analizan con mayor profundidad.
Los datos más recientes colocan nuevamente a los adolescentes en el centro de esa discusión.
Y mientras las autoridades buscan establecer qué ocurrió con cada uno de ellos, las investigaciones académicas intentan responder otra pregunta: por qué están desapareciendo cada vez más jóvenes y qué mecanismos pueden estar detrás de esas ausencias.
Créditos y fuentes: Análisis y datos: Jorge Ramírez Plascencia, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara y elemento fundador del Comité Universitario de Análisis en materia de Desaparición de Personas.
Fuentes consultadas: trabajos de Jorge Ramírez Plascencia publicados en Nexos; Universidad de Guadalajara; Comité Universitario de Análisis en materia de Desaparición de Personas; Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
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