
El Nuncio Apostólico en México, monseñor Joseph Spiteri, presidió el pasado 24 de septiembre la dedicación del nuevo templo y del altar de la Parroquia Personal Penitenciaria San Pedro y San Pablo, ubicada en el Centro de Reinserción Social Apodaca 1.
La celebración se realizó en el marco de la memoria de Nuestra Señora de la Merced, considerada patrona de las personas privadas de su libertad, y reunió a autoridades de la Iglesia de Monterrey, personal penitenciario, bienhechores y alrededor de 200 personas privadas de la libertad.
En la ceremonia participaron monseñor Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey; los obispos auxiliares; el párroco Óscar Lomelín Blanco; sacerdotes, diáconos y agentes de la Pastoral Penitenciaria.
El nuevo templo cuenta con presbiterio, campanario, pila bautismal, confesionario y sacristía. También dispone de salones destinados a actividades de formación, cursos, talleres y retiros, además de espacios para el acompañamiento de las familias.
La capilla que anteriormente prestaba servicio dentro del centro penitenciario permanecerá como Capilla del Santísimo, integrada al nuevo conjunto parroquial.
La Parroquia Personal Penitenciaria San Pedro y San Pablo fue erigida el 16 de octubre de 2023 y tiene como misión atender a la población del Centro de Reinserción Social Apodaca 1.
Con los nuevos espacios será posible desarrollar de manera simultánea celebraciones litúrgicas, actividades de formación, retiros, talleres y acompañamiento espiritual para las personas privadas de la libertad.
La construcción fue posible mediante la colaboración de las autoridades penitenciarias, que facilitaron los espacios, así como de diversos bienhechores que contribuyeron al proyecto.
Durante la celebración, la Arquidiócesis de Monterrey destacó el trabajo de la Pastoral Penitenciaria y la presencia de la Iglesia católica en los centros de reinserción como parte de su labor de acompañamiento a las personas privadas de la libertad y sus familias.
La dedicación del templo se realizó precisamente en la memoria de Nuestra Señora de la Merced y estuvo acompañada por la referencia al Evangelio de Mateo: “Estuve en la cárcel y me visitaron” (Mt 25,36), pasaje que forma parte de la tradición de acompañamiento pastoral a las personas en situación de encarcelamiento.
La Arquidiócesis de Monterrey también encomendó a Nuestra Señora del Roble, patrona de Monterrey, a las personas privadas de la libertad, sus familias, el personal de los centros penitenciarios y quienes participan en la Pastoral Penitenciaria.
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