
La conquista del campeonato 2025 en la Liga Mayor de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano marcó un antes y un después para Auténticos Tigres, pero también para Gisela Aguilar Martínez, quien se convirtió en la primera mujer coach de receptores en la historia del equipo de la UANL.
Su llegada al staff no fue casualidad. Detrás hay años de pasión heredada y preparación constante. Desde niña, alentada por su padre Humberto Aguilar —exjugador de la escuadra azul y oro en la década de los setenta y distinguido como novato del año—, comenzó a enamorarse del emparrillado.
“Recuerdo que nos sentábamos a ver los juegos en la televisión y de mis hermanas yo era la única que los disfrutaba con mi papá. Él me explicaba las jugadas y desde entonces no dejé de interesarme por aprender más”, relata.
Aunque no practicó el deporte en su etapa formativa, decidió especializarse a través de cursos hasta encontrar la oportunidad de integrarse de lleno. Docente de biología desde hace 22 años en la Preparatoria 1, en 2024 dio un giro a su trayectoria profesional al incorporarse como tutora académica de los jugadores, supervisando su desempeño escolar.
Poco después, la oportunidad deportiva tocó a su puerta.
“Cada partido es como un juego de ajedrez, tienes que mover piezas estratégicamente y estar al cien mentalmente. Fui aprendiendo a prueba y error, pero agradezco que hayan visto en mí el empuje para formar parte de algo que me apasiona”, comparte.
En 2025, el head coach Antonio Zamora la invitó a integrarse al programa de Liga Mayor como asistente de receptores, un reto que asumió con responsabilidad al tratarse de una de las instituciones más competitivas del futbol americano universitario en el país.
“Somos muy pocas mujeres como coaches dentro de los equipos de la ONEFA y creo que es momento de levantar la mano y decir que hay espacio para todas las que quieran estar al frente de una estación de jugadores”, enfatiza.
El campeonato tuvo un significado especial. Entre lágrimas de emoción, lo primero que hizo tras el triunfo fue llamar a su padre.
“Le dije: ‘Papá, somos campeones’. También le agradecí por haberme enseñado todo lo que sé. Es una experiencia que siempre llevaré en el corazón”.
Madre de tres hijos, maestra y entrenadora, asegura que su mayor motivación es transmitir fortaleza, disciplina y optimismo tanto en casa como en el aula y el campo de entrenamiento.
“El campeonato fue como mi titulación. Siento que empecé como practicante y fui evolucionando hasta lograr lo más grande que me ha pasado en mi desarrollo como coach”, afirma.
Ahora, su meta es refrendar el título en la Temporada 2026 y, si se presenta la oportunidad, participar en Liga Intermedia o Juvenil. Pero más allá de los trofeos, su mayor aspiración es abrir camino para que más mujeres se integren a equipos de preparatoria y facultad, dejando un legado que trascienda generaciones.
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