
El regreso de López Obrador y el país que ya cambió
Andrés Manuel López Obrador volvió a sacar la cabeza.
Después de meses de ausencia pública, el expresidente decidió reaparecer con una carta dirigida a Donald Trump en defensa de Claudia Sheinbaum y de su movimiento político. Pero más allá del mensaje, lo que llamó la atención fue el momento elegido para regresar.
No es una casualidad.
Su reaparición ocurre justo cuando Morena atraviesa uno de los momentos más incómodos desde que llegó al poder. Las acusaciones provenientes de Estados Unidos contra personajes ligados al oficialismo se acumulan prácticamente semana tras semana. Gobernadores, funcionarios, exfuncionarios y operadores políticos aparecen una y otra vez en versiones periodísticas, investigaciones o señalamientos relacionados con el crimen organizado. Algunas acusaciones terminan desmentidas, otras permanecen sin aclararse del todo, pero el daño político ya está hecho.
En ese contexto, resulta inevitable preguntarse si López Obrador regresó para respaldar a Claudia Sheinbaum o para intentar blindar el legado de un movimiento que enfrenta un desgaste cada vez más visible.
La paradoja es todavía mayor cuando se analiza el contenido de su carta.
Durante años, el discurso político de la llamada Cuarta Transformación se construyó alrededor de la defensa de la soberanía nacional, el rechazo a las injerencias extranjeras y la confrontación verbal con sectores políticos de Washington. Sin embargo, al reaparecer, López Obrador terminó reivindicando precisamente al Donald Trump con quien negoció el T-MEC, alcanzó acuerdos migratorios y mantuvo una relación de entendimiento político.
“Que regrese el otro Trump”, escribió.
La frase parece sencilla, pero encierra una enorme contradicción. Porque si aquel Trump fue tan útil para México como ahora reconoce el expresidente, entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué tan compatible es esa valoración con años de discursos sobre amenazas externas, intervencionismo y confrontación con Estados Unidos?
Quizá sin proponérselo, López Obrador terminó recordando una verdad que suele perderse entre consignas políticas: la estabilidad económica de México depende mucho más de los acuerdos comerciales, de la inversión y de la relación pragmática con Estados Unidos que de cualquier narrativa ideológica.
Mientras la política sigue atrapada en sus batallas de siempre, el país parece avanzar por otro camino.
Esta misma semana, la Universidad Autónoma Metropolitana aprobó una Licenciatura en Inteligencia Artificial. No un diplomado, no un curso de especialización, sino una carrera profesional completa para formar a quienes desarrollarán tecnologías que modificarán industrias enteras durante las próximas décadas.
La noticia habría parecido ciencia ficción hace apenas algunos años. Hoy es una necesidad.
Y casi al mismo tiempo apareció otra señal de que México está cambiando. En Xochimilco, una trajinera convertida en alojamiento turístico de lujo comenzó a ofrecer experiencias nocturnas para visitantes que buscan dormir sobre los canales. Para algunos es innovación. Para otros es gentrificación. Pero independientemente de la postura que se adopte, el fenómeno demuestra cómo las actividades económicas tradicionales están siendo reinventadas para responder a nuevas demandas.
Ahí está el contraste.
Mientras el país discute inteligencia artificial, nuevas formas de turismo y modelos económicos que mezclan tradición con innovación, buena parte de la conversación política sigue girando alrededor de los mismos personajes, los mismos conflictos y las mismas disputas de hace una década.
Tal vez por eso la reaparición de López Obrador genera tantas lecturas. No porque haya dicho algo completamente nuevo, sino porque ocurre en un México distinto al que dejó.
Un México que comienza a hablar de algoritmos mientras la política sigue hablando de adversarios.
Un México que experimenta con nuevas industrias mientras sus dirigentes continúan peleando batallas del pasado.
Y un México que observa cómo el fundador de Morena sale nuevamente a escena justo cuando las dudas sobre varios integrantes de su movimiento comienzan a acumularse más rápido que las respuestas.
La pregunta ya no es si López Obrador regresó.
La verdadera pregunta es si el país al que regresó sigue siendo el mismo que gobernó. Porqué bien, valdría recordarle al señor que esa mierda de abrazos no balazos tiene sumido a México en una gran confrontación interna. De haberle dado alas a los alacranes…y sobre todo el permitir que se metieran de lleno en l política. O no.



