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Gerardo Ledezma

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Entre castraciones, revocaciones y abucheos: el surrealismo político mexicano

México no descansa. Cuando no se trata de reformar leyes, se inventan nuevos métodos para “curar” los males nacionales, aunque a veces parezcan más un sketch que una política pública. Ahora el PRI propone algo digno de laboratorio medieval: la castración química para los depredadores sexuales. Según su impulsor, no es castigo, sino “tratamiento reversible”. Claro, porque nada dice “rehabilitación” como una dosis hormonal obligatoria. El país que no puede garantizar justicia ni seguridad ahora quiere curar la violencia con jeringas.

Mientras tanto, Morena sigue entretenido con su juguete favorito: la revocación de mandato. Cada tanto desempolvan el tema como quien revisa un álbum viejo, y vuelven a decir que pronto habrá discusión, consulta, consenso y debate. Es decir, lo mismo de siempre, pero con nuevo membrete. Insisten tanto que uno sospecha que lo que buscan no es revocar nada, sino mantener viva la conversación para recordarle al pueblo quién tiene el micrófono. Porque si algo domina Morena, es la escenografía de la democracia: luces, cámaras y comisiones de Puntos Constitucionales.

Y en Michoacán, la tragedia se mezcla con el absurdo. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, abucheado en su propio terreno, ahora investiga por qué el presunto asesino del alcalde de Uruapan fue abatido justo después de ser detenido. Dice que hubo “forcejeo y un solo disparo”. Vaya coincidencia. Promete revisar a la escolta del edil, integrada por ocho guardias y catorce elementos de la Guardia Nacional. Todo un ejército incapaz de proteger a su jefe. La investigación sigue, los discursos también, y los resultados, como casi siempre, brillan por su ausencia.

En un solo día, México logró juntar tres postales del absurdo