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Jódar también sabe sufrir en París

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By Redacción ATP

Rafael Jódar sigue creciendo a una velocidad que obliga a actualizar su presente casi cada día. El español alcanzó este miércoles la tercera ronda de Roland Garros tras superar a James Duckworth por 6-1, 6-7(5), 6-4 y 7-5, confirmando que su debut en el Grand Slam parisino no fue únicamente una aparición brillante, sino el inicio de una candidatura cada vez más sólida en el Bois de Boulogne.

Dos días después de imponerse con enorme autoridad a Aleksandar Kovacevic en su estreno profesional en Roland Garros, Jódar volvió a la pista con una exigencia distinta. Ya no se trataba de manejar los nervios del debut, ni de convivir por primera vez con todo lo que rodea a un escenario de Grand Slam. Esta vez el reto era más profundo: sostener una ventaja, aceptar que el partido se podía enredar, responder ante un rival veterano y encontrar una salida cuando la tarde dejó de avanzar en línea recta.

El español empezó como si quisiera prolongar la imagen de su primera ronda. Dominante, suelto, agresivo y con una claridad impropia de alguien que está disputando su primer Roland Garros como profesional. El 6-1 inicial reforzó esa sensación de jugador en plena confianza, capaz de entrar en pista con una idea muy definida y de imponerla antes de que el rival pudiera acomodarse. Pero los Grand Slam rara vez se explican desde un solo tramo. Y mucho menos cuando enfrente aparece un jugador como Duckworth, con experiencia suficiente para no desaparecer después de un mal comienzo. El australiano encontró una respuesta en el segundo set, llevó el parcial hasta el desempate y terminó equilibrando el partido. Ahí apareció la primera gran pregunta de la tarde para Jódar. Después de un inicio casi perfecto, tenía que volver a construir. Después de haber sentido el control, tenía que aceptar la pérdida de una parte del dominio. Y después de ganar tan cómodo en su debut, tenía que empezar a convivir con una verdad básica del tenis a cinco sets: los partidos se mueven, cambian de humor y obligan a ganar más de una vez.

La reacción fue quizá lo más importante de la victoria. Jódar no se quedó atrapado en el set perdido. No convirtió el desempate en una mochila. Volvió al trabajo, ajustó el ritmo y recuperó el mando en el tercer parcial (a pesar de tener que remontar un break), que cerró por 6-4 para adelantarse de nuevo. En esa fase el partido empezó a enseñar otra versión del madrileño. Menos arrolladora que la del primer set, pero posiblemente más valiosa para medir su evolución: la de un jugador capaz de recomponerse cuando el plan inicial deja de bastar.

Esa es una de las señales que separan a una promesa de un competidor preparado para escenarios mayores. El talento permite abrir partidos con autoridad. La madurez ayuda a sostenerlos cuando dejan de ser cómodos. Jódar ha mostrado ambas cosas en París. Ante Kovacevic, la contundencia. Ante Duckworth, la gestión. Dos victorias muy distintas para un mismo mensaje: su lugar en la tercera ronda no responde a un destello aislado.

El cuarto set volvió a exigirle paciencia. Duckworth se mantuvo cerca, sostuvo sus opciones y obligó al español a jugar puntos con peso cuando la posibilidad de cerrar empezaba a sentirse en cada juego. Jódar llegó al tramo final con todo apretado, en ese territorio donde el tenis se vuelve menos técnico y más emocional. Ahí, cada resto pesa un poco más, cada primer saque tiene otro sonido y cada error puede abrir una puerta al rival.

Si algo ha dejado claro Jódar en esta primavera es que no le está pesando la velocidad de su salto. En los últimos meses ha cambiado el tamaño de sus torneos, el volumen de la atención y la exigencia de sus objetivos. Llegó a Roland Garros como cabeza de serie en un Grand Slam por primera vez y con una temporada que ya le había colocado entre los nombres más importantes de la nueva generación. Pero París siempre pide una confirmación diferente. No basta con llegar en forma. Hay que responder dentro del formato y ante rivales que conocen cómo ensuciar una tarde.

Duckworth era precisamente un examen de ese tipo. Un jugador con recorrido, acostumbrado a competir en escenarios grandes y con la capacidad de hacer que el partido exigiera algo más que inspiración. Jódar tuvo que atravesar esa prueba desde la paciencia y la insistencia, dos cualidades que no siempre aparecen tan pronto en una carrera.

La victoria también refuerza la lectura de su momento dentro del tenis español. En una edición de Roland Garros con varios jóvenes nacionales dando pasos importantes, Jódar continúa presentándose como una de las historias más potentes del torneo. No porque necesite comparaciones, ni porque haya que cargarle con expectativas desmedidas, sino porque sus resultados empiezan a hablar con una continuidad muy poco habitual a los 19 años.

En primera ronda aprendió a manejar el debut. En segunda, a sobrevivir a un partido que cambió de dirección. Ese doble aprendizaje vale mucho en un Grand Slam. Sobre todo para un jugador que, hace no tanto, competía en contextos muy distintos y ahora empieza a moverse con naturalidad entre cabezas de serie, cuadros grandes y semanas donde cada victoria ya no sorprende del todo.

Jódar está en tercera ronda de Roland Garros. La frase, por sí sola, ya tiene fuerza. Pero lo que empieza a darle verdadero sentido es cómo ha llegado hasta ahí: ganando fácil cuando pudo hacerlo y sufriendo cuando el torneo se lo pidió. En París, donde la tierra suele distinguir rápido entre ilusión y consistencia, el español sigue encontrando respuestas.

Y cada respuesta le coloca un poco más lejos de la promesa y un poco más cerca de una realidad que avanza deprisa.

Fuente: https://www.atptour.com/

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