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Gerardo Ledezma

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El “modo party” no alcanza para esconder la realidad

El balón ya dejó de rodar en Monterrey, pero el “modo party” sigue más vivo que nunca. La clasificación de México mantuvo encendida la euforia mundialista y el Gobierno estatal ya prepara otro domingo de pantallas gigantes, Macroplaza llena y Fan Fest con cupo limitado para seguir alentando al Tricolor. Eso sí, junto con la invitación llegó la advertencia: las puertas del Parque Fundidora cerrarán a las 15:30 horas. El que alcanzó, alcanzó; el que no, tendrá que buscar otra pantalla. Así de simple.

Nadie discute que la seguridad debe estar por encima de cualquier espectáculo. Lo que sí genera dudas es que muchas de las soluciones aparezcan cuando la presión ya está encima. Si desde hace semanas era evidente la respuesta de la afición, ¿por qué esperar hasta ahora para ampliar espacios, habilitar nuevas sedes y pedir a los municipios que también instalen pantallas? Gobernar también significa anticiparse y no solamente reaccionar.

Mientras Nuevo León continúa disfrutando de la fiesta mundialista, una empresa que nació en esta tierra parece vivir el capítulo más complicado de su historia. Magnicharters, fundada en Monterrey y durante muchos años una opción importante para el transporte aéreo nacional, recibió un golpe que podría marcar su futuro tras la revocación de su certificado para operar. Más allá del procedimiento administrativo, la noticia deja una reflexión obligada: perder empresas regiomontanas nunca debería ser motivo de indiferencia, porque detrás de cada compañía hay empleos, inversión y familias que también enfrentan incertidumbre.

En la política tampoco parece haber mucho qué celebrar. Los nuevos partidos políticos ya obtuvieron su registro, pero varios de ellos nacieron mostrando una debilidad preocupante. En distintos estados ni siquiera lograron reunir las 300 personas necesarias para validar una asamblea. Algunos simplemente no convocaron; otros convocaron y la ciudadanía decidió no asistir. Si desde el primer día enfrentan problemas para despertar interés, será difícil convencer de que representan una verdadera alternativa y no solamente otro logotipo en las boletas electorales.

Y mientras unos celebran, otros siguen buscando. Las madres buscadoras finalmente encontraron apertura por parte de las autoridades federales para instalar mesas de diálogo. Escuchar siempre será un paso positivo, pero México ya está lleno de reuniones, compromisos y fotografías oficiales. Lo que hace falta son resultados. Porque cada día que pasa sin localizar a una persona desaparecida es un día más de angustia para miles de familias que siguen esperando una llamada, una respuesta o simplemente una verdad.

Las desapariciones no se resuelven con discursos. Tampoco con comunicados. Mucho menos con buenas intenciones.

El Mundial terminará. Las pantallas se apagarán. Las plazas volverán a la normalidad y el “modo party” será solamente un recuerdo. Lo que no desaparecerá son los problemas que siguen esperando respuestas: empresas que luchan por sobrevivir, partidos que todavía no convencen y miles de familias que continúan buscando a quienes un día salieron de casa y nunca regresaron.

Porque las fiestas duran unas semanas; la responsabilidad de gobernar permanece todos los días.