
¿Hasta cuándo va a gobernar Claudia Sheinbaum?
La pregunta ya no puede seguir escondiéndose detrás de los discursos oficiales:
¿Hasta cuándo Claudia Sheinbaum va a gobernar como Presidenta de México y cuándo terminará de romper con las sombras del pasado?
El caso de Rubén Rocha Moya acaba de colocar esa pregunta en el centro de la discusión.
La propia Presidenta calificó de “imprudente” el regreso del gobernador de Sinaloa mientras existen investigaciones en su contra.
Pero Rocha no solamente regresó.
Se salió del script.
Volvió al Palacio de Gobierno y obligó a la Presidenta a salir públicamente a marcar distancia. Después volvió a pedir licencia.
¿Fue un desafío deliberado a Sheinbaum? No tenemos elementos para afirmarlo. Pero sí resulta inevitable preguntarnos qué llevó a Rocha a pensar que podía hacerlo.
Y mientras ocurre este episodio, Morena enfrenta otro frente: Arturo Ávila pidió al senador Enrique Inzunza solicitar licencia y enfrentar los señalamientos sin fuero.
La coincidencia es demasiado grande para ignorarla.
Rocha investigado.
Inzunza señalado.
Otros funcionarios sinaloenses bajo la lupa estadounidense.
Y ahora Terry Cole, director de la DEA, afirma que existen funcionarios mexicanos de alto nivel que trabajan con los cárteles.
Entonces la pregunta se vuelve todavía más incómoda:
¿Hasta dónde llegará la presión de Estados Unidos?
Porque Washington no parece dispuesto a cerrar este capítulo con declaraciones políticas. Y mientras más nombres aparezcan en expedientes, investigaciones y acusaciones, mayor será la presión para que México demuestre que no protege a nadie por razones partidistas.
Aquí está el verdadero reto para Claudia Sheinbaum.
No basta con decir que López Obrador ya no tiene injerencia.
Hay que demostrarlo.
Y eso significa que Morena no puede tener un criterio para los adversarios y otro para los propios. Si un funcionario está señalado, que se investigue. Si debe separarse del cargo, que lo haga. Si existen pruebas, que enfrente las consecuencias.
Porque proteger políticamente a los propios puede terminar siendo mucho más costoso que cualquier acusación proveniente del extranjero.
Sheinbaum tiene una oportunidad histórica para dejar claro quién gobierna México.
Porque el problema ya no es solamente Rubén Rocha Moya.
Tampoco es solamente Enrique Inzunza.
El problema es si la Presidenta está dispuesta a enfrentar a todos aquellos que puedan representar una sombra sobre su gobierno, aunque pertenezcan a Morena y aunque tengan vínculos políticos con el pasado.
Y quizá esa sea la pregunta que Estados Unidos también está esperando que México responda:
¿Quién gobierna realmente México?
Porque llegó el momento de que Claudia Sheinbaum no lo explique.
Que lo demuestre.



