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Gerson Gómez

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Aquí se paga por trabajar

La ciudad industrial presume cifras de éxito, como si fueran medallas colgadas en la vitrina de FEMSA. Diez mil nuevos empleos, dicen los comunicados, la mayoría en las tiendas OXXO. El detalle incómodo.

Rotación anual alcanza el delirante tres mil por ciento. En otras palabras, cada cajero dura menos a un litro de leche en refrigerador abierto.

Voces desde la caja registradora. María, encargada de un OXXO en San Nicolás, llegó desde Chiapas con su esposo y dos hijos.

Nos prometieron estabilidad, pero aquí es aprender a cambiar de uniforme cada semana. El sueldo apenas alcanza para pagar la renta, si falta un peso en la caja, lo descuentan como si fuera deuda bancaria. Su tono mezcla resignación y coraje, mientras acomoda las botellas de agua se venden más a los refrescos.

El caló regiomontano se cuela en su relato. Aquí no es quien me la hace sino quien me la paga. Y la paga siempre somos nosotros.

La nevería de los recuerdos derretidos.

Helados Sultana, orgullo de Monterrey, se convirtió en campo de batalla tras la muerte de su fundador. Los herederos repartieron las sucursales como si fueran fichas de dominó. Los trabajadores cuentan como ahora les descuentan hasta por servir una bola generosa.

Si el helado pesa más de lo marcado, lo cobran como si fuera oro. Yo casi pago por trabajar aquí, dice Ernesto, vendedor con veinte años de antigüedad, recuerda cuando la empresa era símbolo de frescura y ahora es sinónimo de explotación.

El viejo Paulino, Don Julián Garza, suena en la radio de la nevería. Con dinero baila el perro, y sin dinero no hay canción. La letra se convierte en eco de la ironía. El helado se derrite, pero la dignidad se evapora más rápido.

Farmacias del Ahorro. El ahorro es del patrón

Tras el deceso del fundador, las farmacias replican la fórmula del autocobro a empleados. En las colonias populares, los trabajadores deben cubrir las mermas como si fueran responsables de cada pastilla perdida.

En las sucursales elegantes de San Pedro, el trato es distinto. Ahí los empleados sonríen porque saben no les tocará pagar por un error de inventario. La desigualdad se mide en cajas registradoras y en la forma en castigar.

El espejismo del éxito.

Los periódicos celebran el crecimiento de FEMSA y la expansión de OXXO como si fueran prueba de modernidad. Las cifras son reales, pero las condiciones laborales cuentan otra historia. Monterrey presume ser capital empresarial, aunque en sus calles se escucha un murmullo. Aquí se paga por trabajar.

La hipótesis se confirma con cada testimonio. Sultana, FEMSA y Farmacias del Ahorro avanzan hacia la extinción si no corrigen prácticas. Convierten al empleado en cliente forzado. El modelo de negocio parece diseñado para usar al trabajador financiando la empresa con su propio sudor.

Monterrey 2026. La ironía es más fría un cono de pistache. Las empresas se llenan la boca con discursos de éxito, mientras los empleados vacían sus bolsillos para sostenerlas.

El viejo Paulino lo cantaría con picardía. De aquí no es quien me la hace, sino quien me la paga. La paga, siempre, cae del lado equivocado de la caja.