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Gerardo Ledezma

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El culpable según Alito, la frontera Terminator y el nuevo peligro de vigilar al periodismo

Hay días en que la realidad política parece empeñada en competir consigo misma. Un dirigente acusa al adversario de ser el gran culpable del desastre nacional; Estados Unidos imagina una frontera vigilada por máquinas mientras sus agentes reciben herramientas capaces de aplicar descargas eléctricas; y en México, el árbitro electoral termina siendo frenado por un tribunal por reglas que podían abrir la puerta a la interpretación subjetiva de lo que se dice en los medios.

El común denominador es inquietante: poder, vigilancia y control.

Empecemos por Alejandro “Alito” Moreno. Para el dirigente priista, Andrés Manuel López Obrador y su círculo cercano, particularmente Andy López Beltrán, deberían ser los primeros en enfrentar investigaciones y responsabilidades ante la justicia. Los acusa de corrupción y de presuntos pactos con el crimen organizado.

Son acusaciones graves que deberán probarse ante las instancias correspondientes. Pero cuando la justicia se convierte en parte del arsenal de la disputa política y cada partido construye su propia lista de culpables, el riesgo es evidente: que la justicia termine pareciendo una extensión de la lucha por el poder.

Y mientras en México los políticos se reparten culpas, al otro lado de la frontera comienza a dibujarse una escena que parece salida de una película de ciencia ficción.

La era Terminator todavía no llegó a la frontera entre México y Estados Unidos. Al menos no oficialmente. Las autoridades estadounidenses niegan que existan actualmente acuerdos con Foundation para utilizar robots humanoides en la vigilancia fronteriza. Pero la posibilidad ya está sobre la mesa, según informa la agencia de noticias RIA Novosti.

Y no es el único dato inquietante. ICE adjudicó un contrato de 16.7 millones de dólares para adquirir 6 mil guantes capaces de producir descargas eléctricas a personas detenidas. La explicación oficial habla de seguridad y de una alternativa de menor impacto frente a otras formas de fuerza.

Pero como siempre se dice: Una descarga eléctrica sigue siendo una descarga eléctrica. O no, pues bien, en medio de una política migratoria cada vez más agresiva, resulta difícil ignorar el mensaje: más tecnología, más vigilancia y nuevas herramientas para controlar a quienes llegan a la frontera. Ya veo un saludo de parte de los miembros de ICE en las partes blandas…

Y en México, el INE tampoco queda fuera de esta discusión. El Tribunal Electoral frenó su metodología para monitorear la cobertura de las elecciones de 2027 porque una de sus variables permitía interpretaciones subjetivas sobre el discurso periodístico.

El INE debe organizar elecciones, no decidir qué crítica es válida y cuál puede considerarse una descalificación. La libertad de prensa no necesita supervisores que interpreten lo que el periodista quiso decir.

Porque la censura no siempre llega con la palabra “prohibido”. A veces llega disfrazada de metodología, monitoreo o regulación.

Y quizá ahí esté la verdadera advertencia de todo esto.

Mientras unos buscan culpables, otros perfeccionan las herramientas para vigilar fronteras y algunas instituciones empiezan a acercarse peligrosamente al terreno de vigilar las palabras, la sociedad debería preguntarse hasta dónde estamos dispuestos a permitir que llegue el poder.

Porque quizá la era Terminator no comience con robots persiguiendo migrantes.

Quizá comience mucho antes: cuando nos acostumbremos a que el poder pueda vigilarlo todo, controlar cada vez más y hasta decidir qué podemos decir.

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