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Positivismo tóxico en las empresas: exigir una actitud positiva puede desgastar a los trabajadores

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La exigencia de mantener una actitud positiva en todo momento puede convertirse en un factor de desgaste emocional para los trabajadores. Bajo expresiones como “ponerse la camiseta” o enfrentar cada jornada “con buena cara”, algunas empresas promueven dinámicas que dejan poco espacio para expresar el cansancio, la frustración o la preocupación que pueden surgir en el entorno laboral.

Esta práctica, conocida como positivismo tóxico, consiste en imponer el optimismo como una obligación, incluso cuando existen problemas personales o laborales que requieren atención. En lugar de fortalecer el compromiso, esta dinámica puede dificultar la comunicación y dejar sin resolver situaciones que afectan el bienestar de los empleados.

En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado el 10 de octubre, especialistas en coaching profesional han llamado la atención sobre la importancia de construir ambientes laborales donde las personas puedan expresar sus emociones sin temor a ser juzgadas y participar en la búsqueda de soluciones.

La salud mental también tiene implicaciones para las empresas. El agotamiento emocional puede relacionarse con problemas como el ausentismo, la rotación de personal y las dificultades para mantener la productividad, por lo que atender las condiciones de trabajo forma parte de los desafíos de las organizaciones.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 15 por ciento de los adultos en edad laboral vivía con algún trastorno mental en 2019. Además, la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de aproximadamente 12 mil millones de días laborales cada año en el mundo.

Ante este panorama, el organismo internacional plantea la necesidad de identificar y reducir los riesgos psicosociales en los centros de trabajo. Entre las medidas recomendadas se encuentran mejorar las condiciones laborales, promover esquemas flexibles cuando sea posible y establecer mecanismos para prevenir y atender la violencia y el acoso.

Una de las dificultades del positivismo tóxico es que puede llevar a los empleados a ocultar sus preocupaciones por temor a ser considerados poco comprometidos o incapaces de enfrentar los retos. Sin embargo, ignorar las emociones no elimina las causas que las provocan y puede dificultar que los equipos identifiquen los problemas que necesitan resolver.

La International Coaching Federation (ICF) destaca el papel del coaching profesional en el desarrollo de entornos de trabajo que favorezcan la escucha, la comunicación y la seguridad psicológica.

Entre las prácticas que pueden contribuir a ese objetivo está reconocer el cansancio, el temor y la incertidumbre como respuestas humanas que merecen atención. También se propone canalizar la frustración hacia la identificación de obstáculos, la revisión de procesos y la búsqueda de recursos para mejorar el desempeño.

El liderazgo representa otro elemento relevante. La escucha activa, la comunicación directa y el establecimiento de planes de acción permiten que los responsables de equipo atiendan las dificultades sin recurrir únicamente a mensajes motivacionales que minimicen las preocupaciones de sus colaboradores.

La propuesta no consiste en eliminar el optimismo de las organizaciones, sino en evitar que se convierta en una exigencia que impida reconocer los problemas. Un entorno laboral saludable requiere objetivos claros, condiciones adecuadas y canales de comunicación que permitan abordar las dificultades de manera constructiva.

Reconocer las emociones y atender sus causas puede favorecer relaciones laborales más saludables y contribuir a que las empresas encuentren soluciones sin dejar de lado el bienestar de quienes forman parte de ellas.

Especial-eitmedia.mx

Imagen cortesía de Magnific