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Arzobispo de Monterrey llama a honrar a los difuntos con oración, amor y obras de caridad

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En el marco de las celebraciones de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos, el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, llamó a las familias a mantener viva la memoria de quienes han fallecido mediante la oración, las obras de caridad y la transmisión de los valores que dejaron como legado, al tiempo que pidió renovar la esperanza en la vida eterna.

Durante su mensaje dominical, el prelado destacó que recordar a quienes ya partieron no debe limitarse a visitar los cementerios, llevar flores o limpiar sus tumbas, sino que también representa una oportunidad para continuar sus buenas enseñanzas, fortalecer los vínculos familiares y practicar el amor al prójimo.

Al referirse a la conmemoración del 2 de noviembre, Cabrera López explicó que ambas celebraciones tienen un significado complementario para la Iglesia católica: mientras Todos los Santos recuerda a quienes alcanzaron la vida eterna, el Día de los Fieles Difuntos está dedicado a elevar oraciones por quienes han fallecido y confiar en la misericordia de Dios.

En ese sentido, invitó a los creyentes a ofrecer misas, oraciones, sacrificios y actos de caridad por sus familiares y amigos fallecidos. Señaló que, aunque no todos puedan ser mencionados individualmente durante las celebraciones eucarísticas, ninguno queda fuera de la oración de la Iglesia, pues Dios conoce sus nombres, historias y vínculos afectivos.

El arzobispo también reconoció el valor de las tradiciones que acompañan estas fechas, particularmente las visitas a los panteones, donde las familias limpian las tumbas, colocan flores y recuerdan a sus seres queridos. Consideró que estas prácticas representan expresiones de respeto, gratitud y cariño que deben conservarse y transmitirse a las nuevas generaciones.

Sin embargo, propuso que el recuerdo de quienes han fallecido también se traduzca en acciones concretas, como rezar en familia, ayudar a personas necesitadas, reconciliarse con algún familiar y continuar las obras de generosidad que dejaron quienes ya no están.

En su reflexión sobre la solemnidad de Todos los Santos, Cabrera López recordó que la santidad no es una condición reservada exclusivamente a las personas canonizadas por la Iglesia, sino una vocación a la que todos están llamados. Destacó que también existen hombres y mujeres que, desde la sencillez de su vida cotidiana, dieron testimonio de fe y amor sin recibir reconocimiento público.

Al abordar las bienaventuranzas, explicó que las enseñanzas de Jesús muestran el camino hacia la felicidad y la santidad. Añadió que quienes alcanzaron esa condición no fueron personas libres de errores o dificultades, sino hombres y mujeres que aprendieron a confiar en Dios, reconocer sus fallas y perseverar en el bien.

Por ello, exhortó a las familias a compartir con niñas, niños y jóvenes las historias de los santos, pero también a reconocer el ejemplo de aquellas personas cercanas que hicieron de su vida una oportunidad para ayudar y servir a los demás.

Finalmente, el arzobispo invitó a poner en manos de Dios los dolores, las palabras pendientes y los perdones que no llegaron a expresarse, con la confianza de encontrar consuelo y paz. Encomendó a la comunidad a la Santísima Virgen del Roble, patrona y Reina de la Esperanza, para mantener viva la confianza en la misericordia divina y asumir el compromiso de vivir con mayor responsabilidad, solidaridad y amor hacia quienes todavía los acompañan.

Especial-eitmedia.mx