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Gerardo Ledezma

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Refinerías en crisis: incendios, opacidad y silencio oficial que ya no se puede tolerar

Otra vez fuego. Otra vez humo negro elevándose como señal de alarma. Y otra vez, las autoridades saliendo a decir que “todo está controlado”. Lo ocurrido en la Refinería Olmeca de Dos Bocas no es un hecho aislado, es la confirmación de un patrón preocupante que se repite con demasiada frecuencia en las instalaciones de Petróleos Mexicanos.

Aquí es donde hay que dejar de suavizar el discurso. ¿Qué está pasando realmente con nuestras refinerías? ¿Por qué los incidentes se acumulan mientras las explicaciones escasean? Porque no se trata solo de un incendio en una bodega de coque. Se trata de una cadena de fallas, de decisiones cuestionables y de una opacidad que ya raya en lo irresponsable.

Se nos dice que no hubo heridos, que el fuego fue controlado, que todo está bajo protocolo. Pero el problema no es apagar incendios, el problema es por qué se siguen encendiendo. Y ahí es donde el silencio pesa más que cualquier comunicado oficial.

Las voces críticas, como la del diputado Rubén Moreira Valdez, vuelven a exigir explicaciones. No es la primera vez. Ya hubo accidentes, ya hubo muertos, ya hubo derrames. Y sin embargo, la narrativa oficial sigue siendo la misma: minimizar, justificar, evadir.

El señalamiento es duro, sí. Hablar de una obra “cara, opaca y peligrosa” no es menor. Pero más grave aún es que nadie desde el poder salga a desmentir con datos, con transparencia, con resultados. Porque cuando las respuestas no llegan, lo único que crece es la sospecha.

Y mientras tanto, México juega con fuego. Literalmente. Refinerías endeudadas, infraestructura cuestionada y una operación que parece más reactiva que preventiva. ¿De verdad este es el modelo energético que nos prometieron?

El riesgo no es solo financiero, es humano y ambiental. Hoy fue un incendio controlado. Mañana podría no serlo. Y entonces ya no bastarán los comunicados ni las visitas de supervisión.

Es momento de dejar las excusas. De dejar las “tonterías”, como diría cualquier ciudadano cansado de lo mismo. El país necesita respuestas claras, responsables que den la cara y un rumbo que no esté marcado por el humo de cada nuevo incidente.

Porque si esto sigue así, no es exagerado decirlo: vamos de mal en peor. Y lo peor, parece, aún no llega.

Por cierto, mis vehículos emplean de la roja y no magna …y seguimos con una de las gasolinas más caras del mundo. Ahí está el detalle de tanta mentira que se vive a diario.