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Gerardo Ledezma

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México entre la negación, el poder… y el miedo

Algo se está moviendo peligrosamente alrededor de México.
Y lo más delicado de todo no es únicamente lo que ocurre afuera… sino la manera en que desde el poder se insiste en actuar como si nada estuviera pasando.

Porque mientras la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene el discurso de estabilidad y control, desde Washington ya comenzaron a lanzar mensajes que hace apenas unos años habrían parecido impensables. Hoy Estados Unidos ya no habla solamente de narcotráfico. Hoy habla de guerra contra los cárteles. Habla de terrorismo. Habla de una coalición continental para combatirlos.

Y eso no es cualquier cosa.

Cuando el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, anuncia públicamente una ofensiva regional contra el crimen organizado, el mensaje real va mucho más allá del combate al fentanilo. Lo que están diciendo es que en Estados Unidos dejaron de confiar en la capacidad —o quizá en la voluntad— del gobierno mexicano para enfrentar la infiltración criminal.

Así de grave.

Porque mientras Morena insiste en que aquí no existen narcopolíticos protegidos por el sistema, del otro lado de la frontera pareciera que ya tomaron otra conclusión. Y eso debería preocuparnos profundamente.

México está entrando en una etapa delicadísima donde las sospechas internacionales comienzan a tocar directamente el corazón político del oficialismo. Pero aquí seguimos atrapados en la narrativa de las mañaneras, en el “todo está bien”, en el “son ataques de la oposición”, mientras el país se sigue desgastando entre violencia, polarización y desconfianza.

Y como si el escenario no fuera ya suficientemente inquietante, Morena vuelve a demostrar esa obsesión enfermiza por acumular control institucional.

Ahí está la propuesta impulsada por Sergio Gutiérrez Luna para abrir la puerta a la reelección de magistrados electorales. Sí, los mismos magistrados que deberán arbitrar futuras elecciones podrían permanecer hasta 17 años en el cargo gracias a una modificación impulsada desde el oficialismo.

¿No que la reelección era mala?
¿No que Morena venía a terminar con los privilegios del poder?

La contradicción es brutal.

Quieren eliminar reelecciones para unos, pero extenderlas para quienes controlan tribunales electorales. Y eso huele peligrosamente a una democracia moldeada desde el poder, donde las reglas comienzan a ajustarse dependiendo de quién las necesite.

Lo más alarmante es que incluso dentro de Morena hubo voces calificando la iniciativa como una vergüenza legislativa. Y si ya hasta dentro del oficialismo comienzan a incomodarse, es porque algo claramente está cruzando líneas delicadas.

México no necesita más instituciones sometidas. Necesita instituciones creíbles.

Porque cuando los árbitros electorales comienzan a deber favores políticos, la democracia deja de inspirar confianza y empieza a provocar miedo.

Y por si faltara algo más para este panorama cargado de tensión, ahora aparece otro tema que el gobierno tampoco debería minimizar: el brote de ébola en África central.

Más de mil casos sospechosos en la República Democrática del Congo. Emergencia internacional declarada. Muertes confirmadas. Y aun así pareciera que el tema pasa casi desapercibido.

El Mundial de 2026 está a la vuelta de la esquina y México tendrá que empezar a discutir medidas sanitarias serias, aunque políticamente incomoden. Porque después de lo vivido en años recientes, este país no puede darse el lujo de volver a reaccionar tarde ante una amenaza epidemiológica. Oh, a poco , no recuerda al tarado de Hugo López-Gatell que decía como marioneta “Quédate en Casa” jode y jode…pues bien, a este y a su jefe extraoficialmente se le contabilizan más de 800 mil muertes por Covid-19 y hoy . Aunque usted no lo crea: Es el representante de México ante la Organización Mundial de la Salud (OMS). Puede usted imaginar.

El mundo atraviesa una mezcla explosiva de violencia criminal, disputas geopolíticas, debilitamiento institucional y alertas sanitarias globales. Y mientras todo eso ocurre, México parece avanzar entre discursos triunfalistas y negaciones oficiales que cada día convencen menos.

Lo verdaderamente inquietante ya no es solamente lo que está pasando.

Lo verdaderamente inquietante es la sensación de que el poder decidió acostumbrarse al incendio… mientras el país entero comienza a oler el humo.