
Por:Carlos Morales
Montevideo (Mesa Américas).- Para convertirse en la primera mujer puertorriqueña en alcanzar la cumbre del monte Everest, Nicole Santiago no solo enfrentó —y superó— los desafíos del terreno y el clima, también tuvo que sortear el abismo de las dudas y escalar el muro de sus miedos.
“Me siento profundamente transformada”, confesó la boricua a la Agencia Sputnik al regresar de Nepal, donde enfrentó sus demonios internos y los transformó en una alegría inspiradora, demostrando que la cumbre más difícil de conquistar es la de creer en uno misma.
Su viaje al también conocido como “Sagarmatha” no es solo una historia de supervivencia donde alzar la voz le salvó literalmente la vida, sino el testimonio de una mujer que dejó sus inseguridades en el Campo Base para abrazar su propio valor y renacer en lo más alto del mundo.
Un episodio que marcó su gesta ocurrió tras el Paso Hillary, a media hora de hacer cumbre, cuando el cansancio extremo, el hambre y una sensación de vacío la empujaron al borde de la rendición.
“Estaba agotada, hambrienta y mi guía me exigía mucho. Le pedí varias veces detenernos para descansar, pero siempre me respondía que no”, relató Santiago a esta agencia.
Era el 20 de mayo de 2026, el día más concurrido en la historia del Everest. Aprovechando una breve ventana climática, 274 montañistas avanzaban hacia la cumbre; el guía de Santiago temía que pudieran quedarse sin oxígeno atrapados en las largas filas.
“Pero en ese momento yo sentía que simplemente me estaba empujando más allá de mis límites. Y así, hasta que le dije que no podía seguir sin más oxígeno y sin una dosis de dexametasona. Nos detuvimos, tomé la medicación y él aumentó el flujo de oxígeno. Cinco minutos después vi un cadáver”, añadió.
El escalofriante hallazgo de aquel cuerpo inerte, a los pocos metros, le hizo ver que, si no hubiera defendido sus necesidades en aquel momento, tal vez habría terminado igual.
“Fue una lección que jamás olvidaré: alzar la voz por mí misma, expresar mis necesidades y convertirme en mi propia defensora”, resumió Santiago.
SANANDO EN LAS ALTURAS
Nacida en California pero de padre puertorriqueño, Nicole tiene profundas raíces y una fuerte conexión espiritual con la Isla del Encanto: no es raro encontrársela en Rincón, capital caribeña del surf, un pueblo célebre además por su Festival de Cine, sus bellos atardeceres y su aire bohemio.
Comenzó a enamorarse de la montaña y la vida al aire libre a los 17 años, entre senderos del Parque Nacional Yosemite como parte del programa federal Youth Conservation Corps, aunque fue la lectura del libro “Together on Top of the World”, de Phil y Susan Ershler, la que le hizo soñar con subir las “Seven Summits” (Siete Cumbres), o sea, las montañas más altas de cada continente.
A los 26 años escaló el Kilimanjaro junto a su novio de entonces, quien le pidió matrimonio en la cima: la relación no duró mucho, pero su pasión por escalar sí.
“Utilicé las montañas como una forma de sanar. Escalé el Aconcagua sola, con el corazón roto, y regresé completamente renovada, llena de vida y fortaleza”, contó Santiago, una asistente de vuelo que trabaja entre las nubes, pero tiene los pies en la tierra, y así ha encarado cada nuevo desafío.
De hecho, suele ahorrar durante años y planificar cuidadosamente cada montaña. Para irse al Everest recaudó unos 29.000 dólares en la plataforma GoFundMe para cubrir los altos costos de equipamiento, permisos y sherpas, lo cual la llevó a replantearse su pertenencia en estos circuitos.
“El mayor desafío fue emocional. Empecé a cuestionarme constantemente: ¿realmente pertenezco a este lugar? ¿Soy digna? ¿Merezco estar aquí?”, recordó sobre los momentos en que la montaña la ponía a prueba y le exigía que soltara el lastre de ciertas ideas falsas sobre sí misma.
En el Campo Base comprendió que debía convertirse en su mejor versión y aceptar su propio valor, y esa suerte de epifanía le dio una sensación de felicidad que le sirvió de combustible.
“Aprendí que cuando todo lo superficial desaparece y estoy en la naturaleza, libre para ser yo misma, mi impulso es elevar el ánimo de los demás. Hacer felices a otras personas se convirtió en mi propia medicina para mantenerme mentalmente equilibrada”, dijo.
PODER FEMENINO
Por otro lado, la conquista del Everest planteó para Santiago desafíos específicos que, como mujer, ha enfrentado una y otra vez en la montaña: a veces algo tan básico como hacer sus necesidades implica pasar por trances incómodos que van más allá del pudor.
“Puede parecer un detalle menor, pero en Denali (en Alaska), cuando iba encordada con un grupo de hombres, durante los descansos ellos podían orinar, comer algo y tomar fotografías. En cambio, yo apenas tenía tiempo para sacar mi embudo urinario, aflojar el arnés y el equipo, hacer mis necesidades, higienizarme, guardar todo nuevamente y, cuando terminaba, el descanso ya había concluido. Muchas veces ni siquiera tenía tiempo para comer o beber”, explicó.
Aunque Nicole reconoce que el equipamiento ha mejorado, gran parte aún es diseñado pensando en los hombres, y para una mujer de complexión pequeña como ella muchas veces resulta imposible encontrar equipo de su talla.
“También soy una mujer muy emocional y nunca he intentado comportarme como los hombres. No oculto mi feminidad; al contrario, permito que mis diferencias brillen y se conviertan en un regalo para las personas con las que escalo”, agregó.
Por eso le gusta decorar su equipo de montaña con brillantina y pedrería, para garantizar que, incluso cuando tiene el rostro completamente cubierto, los demás sepan que tras las gruesas gafas y la máscara hay una mujer, orgullosa de representar a la creciente comunidad femenina en la montaña.
ANTÁRTIDA EN EL HORIZONTE
“Mi próximo objetivo es convertirme en la primera mujer puertorriqueña en completar las Siete Cumbres. Planeo escalar el Monte Vinson (Antártida), la última montaña que me falta, durante el invierno”, contó Santiago a la Agencia Sputnik sobre sus planes futuros.
Planea además publicar los poemas que ha escrito durante su trayectoria, una serie poética inspirada en las “Seven Summits”, pero también en el amor, la transformación y el crecimiento personal, para mostrar “un lado más suave y femenino del montañismo”.
Plasmar esas vivencias en un libro es, resumió, una forma de convertirlas en una roca sólida sobre la cual apoyarse: una base fundamental para enfrentar los mayores desafíos de su cotidianeidad, esos que parecen menos intimidantes después de haber vivido —y sobrevivido— a la montaña en toda su inmensa intensidad. (Sputnik)
Fuente: https://noticiaslatam.lat/
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