
La expansión de las plataformas de inversión ha multiplicado la participación en el mercado; acciones, CETES, ETF, divisas y criptomonedas forman parte de un portafolio cada vez más diversificado
El mercado de inversión en México está dejando atrás la imagen de un espacio reservado para grandes capitales y especialistas financieros. La llegada de plataformas digitales, una mayor disponibilidad de información y la posibilidad de acceder a instrumentos nacionales e internacionales han abierto la puerta a una nueva generación de inversionistas.
Los datos de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB) muestran la magnitud de este cambio. A diciembre de 2024 existían 15 millones 772 mil 466 cuentas en casas de bolsa, un crecimiento de 102 por ciento respecto a diciembre de 2020, cuando se contabilizaban 947 mil 764. El aumento en el número de participantes también modificó el perfil promedio de los recursos administrados por cuenta, que pasó de 7.5 millones de pesos en 2020 a 600 mil pesos en 2024.
El fenómeno representa una transformación importante para el sistema financiero mexicano: cada vez más personas con patrimonios menores tienen acceso directo a los mercados y pueden comenzar a construir una estrategia de inversión sin necesitar los capitales que anteriormente eran habituales para participar.
La edad también forma parte de este cambio.
Una encuesta de Flink citada por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) señala que 26.9 por ciento de los participantes comenzó a invertir entre los 18 y 24 años, mientras que 20.1 por ciento lo hizo entre los 31 y 36 años.
El nuevo inversionista, además, está aprendiendo de una manera diferente. El 70.8 por ciento de los jóvenes consultados dijo adquirir conocimientos sobre inversión de forma autodidacta. Las redes sociales representan una de sus principales fuentes de información, con 34 por ciento, seguidas por los medios de comunicación, con 32 por ciento.
Esta transformación está generando un participante más dispuesto a explorar diferentes alternativas. Entre los jóvenes que invierten en bolsa, 39 por ciento reportó tener acciones; 22.9 por ciento participa en criptomonedas; 22.4 por ciento utiliza CETES; 10.1 por ciento opera divisas y 5.6 por ciento recurre a otros instrumentos.
La combinación refleja dos necesidades distintas: conservar una parte del patrimonio mediante instrumentos tradicionales y, al mismo tiempo, buscar oportunidades de crecimiento a través de activos con mayor exposición al riesgo.
Los ETF también se han convertido en una herramienta relevante para quienes buscan diversificar. La disponibilidad de estos instrumentos permite acceder mediante un solo vehículo a distintos sectores, índices y mercados, ampliando las posibilidades para los inversionistas mexicanos.
La diversificación tampoco termina en las fronteras nacionales.
El acceso a acciones, ETF y otros instrumentos internacionales ha llevado a un número creciente de mexicanos a incorporar activos extranjeros en sus estrategias. Para José Tomás Riveros, Country Manager Latam de Capitaria, la posibilidad de participar en mercados internacionales está adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de las decisiones de los inversionistas.
De acuerdo con datos proporcionados por Capitaria, 70 por ciento de sus clientes en México combina instrumentos nacionales con activos internacionales, mientras que 55 por ciento mantiene exposición a los mercados estadounidenses.
Entre los instrumentos que concentran mayor interés dentro de su base de clientes aparecen acciones de Microsoft, Oracle y Eli Lilly and Company, además de índices como el S&P 500 y Nasdaq 100.
En el mercado cambiario, el par USD/MXN se mantiene como el más operado, mientras que Bitcoin encabeza las operaciones relacionadas con criptomonedas.
Los commodities también forman parte de las preferencias, particularmente el oro y la plata.
En el caso de los ETF, uno de los instrumentos con mayor actividad reportada por Capitaria es SOXL. Se trata del Direxion Daily Semiconductor Bull 3X ETF, un fondo apalancado que busca un rendimiento diario equivalente a tres veces el índice de semiconductores que sigue; por su propia naturaleza, implica un nivel de riesgo considerablemente mayor que un ETF tradicional.
De acuerdo con la información de la firma, el monto promedio de inversión inicial entre sus clientes se ubica en alrededor de 4 mil dólares, mientras que el capital mínimo promedio para comenzar ronda los 2 mil dólares.
La finalidad tampoco se reduce necesariamente a obtener ganancias inmediatas. Entre los principales objetivos identificados por Capitaria aparece el deseo de adquirir experiencia en los mercados y aprovechar oportunidades de crecimiento.
El largo plazo comienza a adquirir mayor importancia entre los inversionistas jóvenes. La encuesta de Flink citada por Condusef encontró que 70 por ciento de los participantes identifica entre sus principales motivaciones mejorar su retiro o adquirir una casa o departamento.
Esto significa que la inversión comienza a formar parte de una estrategia patrimonial más amplia, en la que los mercados financieros dejan de ser vistos exclusivamente como una herramienta para obtener ganancias rápidas.
Sin embargo, el crecimiento de la participación también expone una asignatura pendiente: la educación financiera.
Aprender mediante redes sociales y plataformas digitales facilita el acceso a información, pero también puede llevar a decisiones tomadas con base en tendencias, recomendaciones sin sustento o una comprensión insuficiente de los riesgos.
La propia evolución del mercado plantea entonces un reto para las plataformas y las instituciones financieras: conseguir que democratizar el acceso no signifique únicamente facilitar la apertura de una cuenta, sino también proporcionar herramientas para que los usuarios comprendan los instrumentos que adquieren y el nivel de riesgo que están asumiendo.
La brecha de género constituye otro desafío.
Una encuesta de YouGov Profiles citada por Condusef encontró que 21.6 por ciento de los mexicanos consultados contaba con algún instrumento de inversión. Sin embargo, la participación fue mayor entre los hombres, con 26 por ciento, frente a 17.5 por ciento entre las mujeres.
El crecimiento del mercado, por tanto, todavía no se distribuye de manera uniforme.
Aun así, las mujeres que participan muestran interés por una gama amplia de instrumentos, entre ellos acciones nacionales, bonos, inversiones internacionales, CETES y divisas.
El panorama que emerge es el de un inversionista mexicano diferente al de hace apenas algunos años: con mayor acceso tecnológico, más joven en muchos casos, dispuesto a aprender por cuenta propia y con una creciente inclinación a combinar instrumentos nacionales con activos internacionales.
La transformación apenas comienza. El crecimiento de las cuentas de inversión demuestra que existe una demanda creciente por participar en los mercados, pero el verdadero reto será convertir ese acceso en decisiones financieras informadas y en estrategias capaces de construir patrimonio a largo plazo.
México está sumando millones de nuevos participantes al mercado. Ahora la siguiente etapa será lograr que esos inversionistas no solamente entren, sino que permanezcan, aprendan y construyan una relación más sólida con sus finanzas.
Especial-eitmedia.mx
Con información proporcionada por Capitaria




