
La incómoda pregunta que nadie quiere responder
Hoy el país amanece con demasiados frentes abiertos y, curiosamente, con pocas respuestas claras. Porque mientras el Gobierno federal presume investigaciones por el llamado huachicol fiscal —uno de los esquemas de saqueo más grandes que ha golpeado las finanzas públicas— la duda central sigue intacta: ¿contra quién van realmente?
Se anuncian siete investigaciones en puertos, aduanas y dependencias estratégicas, pero los nombres no aparecen. Nadie explica quién permitió durante años el desvío millonario de combustibles, quién firmó, quién autorizó o quién protegió la operación. El discurso habla de combate a la corrupción, pero la ciudadanía comienza a preguntarse si esta vez sí se tocarán las estructuras que hicieron posible el fraude o si nuevamente todo quedará en expedientes administrativos sin responsables de alto nivel.
Porque el huachicol fiscal no fue obra de improvisados. Fue una maquinaria institucional que operó dentro del propio gobierno. Y si no se llega hasta el fondo, el mensaje será el mismo de siempre: se investiga el delito, pero no a quienes lo dirigieron.
Al mismo tiempo, desde Palacio Nacional avanza una reforma electoral que, bajo el argumento de reducir costos y acercar a los legisladores al territorio, plantea desaparecer figuras de representación proporcional. El planteamiento abre un debate inevitable: ¿se busca eficiencia democrática o concentración política?
Durante años, el expresidente Andrés Manuel López Obrador habló de transformar las instituciones “sin imponer”, avanzando poco a poco, casi sin que se notara. Hoy, críticos advierten que la eliminación de contrapesos legislativos podría modificar el equilibrio político del país. La discusión ya no es técnica; es de fondo. ¿Se fortalece la democracia o se redefine el control del poder?
Mientras tanto, en Nuevo León, otra señal de desgaste llegó desde las calles. Aficionados de Rayados acudieron a El Barrial para expresar lo que hace meses se escucha en tribunas y redes sociales: la ruptura entre la directiva y la afición.
Las mantas fueron directas: el club, dicen, dejó de representar identidad para convertirse en estrategia de marketing. El reclamo no fue contra jugadores ni técnicos; fue hacia quienes toman decisiones. Cuando el aficionado deja de creer, el problema ya no es deportivo, es institucional. Y la dirigencia albiazul enfrenta quizá su mayor crisis: recuperar la confianza de su propia gente.
Y en medio del ruido político internacional apareció un ingrediente inesperado. El empresario Elon Musk respondió con sarcasmo a la presidenta Claudia Sheinbaum tras el cruce de declaraciones derivado del operativo contra el líder del CJNG. Con un mensaje breve y un emoji de burla, el multimillonario elevó la tensión mediática, insinuando que las críticas en su contra representan una violación a sus derechos.
Más allá del tono irónico, el episodio exhibe algo más profundo: México vuelve a colocarse en el centro de una narrativa global donde seguridad, política y percepción internacional se mezclan peligrosamente.
Así, entre investigaciones sin nombres, reformas que reconfiguran el poder, aficionados inconformes y disputas que cruzan fronteras digitales, el país transita momentos donde las decisiones pesan más que los discursos.
Porque al final, la pregunta sigue siendo la misma: si realmente se busca cambiar las cosas… ¿quién está dispuesto a asumir el costo político de hacerlo de verdad? En sí , el mismo show y en está ocasión, aligerar todo el maldito mugrero de siempre , dónde nunca hay culpables. Bueno, ya vimos que en lo del tren interoceánico conducía el maquinista más rápido que un carretonero de Mata-Canes equivalente a Santa Catarina por su gobernante y a él culparon, veamos ahora a ¿quién? en el primer caso.



